Buscando la diferencia

This entry is part 4 of 15 in the series Filosofía de la mente

Continuando con el tema de los posts anteriores, decíamos que los seres humanos eramos “especiales”.  Digamos que aquella característica especial se llama “mente”. O sea, que lo que nos hace conscientes es que tenemos mente.

Pero ¿qué significa que tengamos mente? ¿Qué es tener mente?

  • Podemos abrir un aparato parlante (robot, o lo que sea), ver que está hecho de silicio y cables, pero eso no descarta que pueda tener mente.
  • Por otro lado, podemos abrir a un ser humano (se hace en las cirugías), y vemos tejidos orgánicos. Pero eso no indica que tenga que tener mente.

Si descartamos los materiales de los que está compuesto el ser (silicio, tejidos orgánicos), ¿con qué nos quedamos? Si no podemos observar, detectar y aislar aquello que está dentro y que confiere la mente, ¿qué camino seguir? En el fondo, ¿tenemos forma de ‘detectar’ una mente?

Algo que se comporta como si tuviese mente (una máquina), y que yo no puedo distinguir de algo que si la tiene (un humano), ¿podemos decir que efectivamente tiene mente?

Otro aspecto relevante es pensar. ¿Nacemos con mente? ¿O esta se desarrolla? ¿Se puede perder la mente? Cuando veo a niños pequeños, recién nacidos o de pocas semanas, parecieran tener menos habilidades que cachorros con la misma edad. Pero en un punto del crecimiento, algo sucede. ¿Se “enciende” la mente? O más bien ¿madura?

Una persona con desórdenes mentales ¿ha perdido o degradado sus facultades mentales? Una persona en estado vegetal ¿ha perdido su mente?

Series Navigation« Somos especialesDescartes subestima el dolor de muelas »

2 thoughts on “Buscando la diferencia

  1. Uno puede decir que la diferencia es que te das cuenta de que existes. De hecho, etimológicamente “existir” es “estar fuera”, salir de sí mismo y contemplarse.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *