La Punta

Desde el 2001 que no iba a La Punta. Me tocó verla “pelada”, puro bosque. Luego apareció una notable casa, con varias habitaciones. La lijamos. Lo último que ví fue la piscina con su terraza.

Ahora no había nada nuevo, sólo que había olvidado el camino para llegar. Y además nos costó un mundo salir de Santiago. No se puede salir por Curicó, ni por Matta, ni por Quilín. Salimos al final por Vespucio, luego de pasar por calles que no habíamos recorrido nunca. Para más remate, me pasaron un parte por exceso de velocidad en Paine.

Ah! Y nos encontramos con los otros cabros que iban a la despedida de soltero del Negro y el Vaca.

La tónica del paseo fue todos con sus iPods (incluso iPhone), “pa’l buqué”, asado todo el rato, “te pelaste”, póker, “mande?”, conversación toda la noche, “chulo gay”, paseo nocturno, una visita sorpresa de Farrios, empanadas de pura cebolla, un clon de Caradura.

Ruta del vino

Maravillosamente nos pusimos de acuerdo con los cabros y armamos un viaje al Valle de Colchagua, donde trabaja Hans como enólogo de la viña Estampa.

Nos juntamos a las 09:30, tipo 10:30 recogimos a David con las compras, y tipo 12:15 estábamos en Palmilla, cerca de Nancagua y Santa Cruz.

Partimos a una viña orgánica, Emiliana, donde una amiga de Hans que trabaja ahí nos contó toda la filosofía de la onda orgánica. Es súper loco, con la biodiversidad, biodinámica, luna ascendente, equinoccios, compost en vejiga de ciervo, e introducción de ganado en la zona de cultivo para control de plagas.

Ya teníamos el medio diente, y nos fuimos a comer un asado en la casa de Hans, que vive al lado de su viña. Pasamos a visitarla, y sacamos cualquier foto.

Nos despedimos, y mientras volvíamos a Santiago, se nos ocurrió pasar al supermercado en San Bernardo antes que cerraran, y preparamos un picoteo con choritos, champiñones y almejas. Nos animamos y jugamos una buena cantidad de horas de Monopoly, la versión de Los Simpsons.

Llamando al extranjero

No voy a ahondar en Chao Pinocho, Ya…, sino sólo declarar que el asado que igual íbamos a hacer no se pospuso ni faltó ningún comensal por luto. Intenté ubicar a mi hermana en Madrid, pero (como luego me informó), estaba en la Puerta del Sol con otros chilenos. Sí pude darle la primicia a los Guadalocuros.

A todo esto, no es llegar y llamar fuera de Chile, hay que anteponer unos ceros por ahí, y saber si para un celular se pone o no el código de ciudad. Por lo que entendí, en México si hay que ponerlo, y en España no.