Buen orden y filósofos que se alimentan

Dos pensamientos con acoplamiento bajísimo:

Me contaba YE el otro día, que iba a ver una charla que daba su hijo acerca del Teorema del Buen Orden. Un nombre curioso, me parece a mí. Como el de este artículo: “A funny property of sphere and equations over groups”. ¿Una propiedad chistosa de la esfera? ¿En serio? Y el tipo de esta última página linkeada dice que tuvo que ir a una biblioteca a conseguir y fotocopiar el artículo, como si fuese algo antidilivuano. “¿Te acuerdas cuando uno iba a la biblioteca a fotocopiar cosas?”, recuerda el autor por ahí. Pero estoy divagando. Vamos al otro pensamiento.

Fui a almorzar donde mi hermano, mi cuñada y mi sobrino el sábado, y antes de sentarme a la mesa, les pregunté si había puestos fijos, o si podía sentarme donde deseara. Primero me dijieron que me sentara donde más me gustase. Pero luego me indicaron que la cabecera prefería ocuparla uno de ellos. Me pareció razonable.

Recordé entonces otra mesa, donde sentarse era todo un lío; un lío jocoso tal vez. Más bien un ritual. Luego del llamado a la mesa, todos se ponían de pie, pero nadie avanzaba, nadie se movía. Solamente de pie. Entonces una especie de director de orquesta o maestro de ceremonias, indicaba, uno a uno, quién se sentaba dónde. Y todos ya sabían que así era la cosa, esperaban tranquilamente que los invocaran. Era larguísimo, interminable. La comida se enfriaba, se alejaba el momento de disfrutarla. Y yo intentaba sentarme en cualquier lado, menos en el que me estaban ‘sugiriendo’, más bien asignando. Incluso se hacían planes previos, horas o días antes de la llegada de los invitados. “Sentemos a Juanita, que está soltera, al lado de Andrés, que también lo está”. Complicadísimo. “No sentemos a Marcos al lado de Isidora, por lo que paso cuando (– poner historia de su agrado acá –)”.

Complicado, menos mal no había deadlock, como con  estos filósofos comensales (Platón, Confucio, Sócrates, Voltaire, Descartes):

Foto obtenida de Commons de Wikipedia.

Despedida de soltero sin novio

Como el novio no podía, nos juntamos igual a tomar Capel de 35° con Coca Cola (a.k.a. piscola).

Por algún motivo nos acordamos de la guerra de agua de los cuartos medios, y cómo Jaime tuvo que cuidar las bombas en el colegio durante la noche, para tener municiones para el día siguiente.

Estuvo muy buena esa guerra de agua. Más allá del típico palo de fósforo + la gotita en la chapa del Prefecto de Disciplina, en esa ocasión un par de bombas de agua pasaron la noche en el refrigerador, en la parte de arriba. Casualmente dieron a parar a la ventana inmensa de esa oficina.

Despidiendo al soltero

Llegamos al barrio Brasil, nos sentamos en un sector más o menos acondicionado para la ocasión, había una tabla de queso frente a mí, y unas conchas con camarones, ceviche, ostiones, un poco más allá.

Me ofrecieron cuba libre, y conversamos. Como que había dos grupos: los familiares, y los de la pega. Por mientras, el resto de las personas que había en el local hacía su vida: parejas conversando, otros bailando, por allá cantaban cumpleaños feliz, y grupos simplemente bartoleando.

Todo bien hasta que llegan las bailarinas exóticas. Personas de otras mesas se ponen de pie para ver mejor, otras simplemente se desplazan hasta el mejor lugar, unas muchachas con cara de poto, pensando “cómo rebajan a la mujer”, otras con cara de divertidas (la novedad de ver cómo son estas famosas despedidas).

Se acabó el show, y en vez de seguir en alguna parte, nos fuimos para la casa.

Cenando con Marcial

Primero, vean a mis sobrinos hoy ayudándonos a arreglar la casa:

Ya, ahora el post.

Como los niños están de vacaciones (i.e. David y Darío), la junta de hoy fue sólo con Marcial. Dadas las circunstancias, Marcial invitó a su casa, donde cocinó.

La recepción fue con un ‘picoteo’ de pollo con hierbas y salsas (guacamole, quesillo, alcachofa), y luego pasamos a unos costillares, uno a las hierbas, y otro aliñado, acompañado con arroz al vino y ensaladas.

Al último sorprendió con unas crepas flambeadas.

¡Notable la producción! Yo con suerte cocino huevo frito y caracoquesos.

La conversa fue menos leguleya que otras veces, sólo sobre los nuevos casinos que se abrirán, y nos centramos en las universidades privadas y en el transantiago (¡obvio!). Escribiremos otro post para nuestra opinión de las universidades privadas, y si quieren saber del transanitago, una opinión despolitizada la encuentran en este post de Matadero Palma.

Remojando sopaipillas en jugo de machas a las parmesana

Reflexión #1, mientras comía un churrasco italiano y un schop en la Terraza al lado del teatro de la Chile en Baquedano. “Parece que esta junta de día martes va a durar menos que un candy, de más alcanzo a ver un par de capítulos de Los Simpsons en la casa”.

Reflexión #2, mientras comía un plato de papas fritas y un schop en la Terraza al lado de Idief, en Vicuña. “Otra tallita de este mozo y se gana un ataque de mostaza y ketchup”.

Reflexión #3, mientras comía gyosas y una jarra de sangría en el Ecléctico de Condell. “Qué ganas de comer ceviche”.

Reflexión #4, mientras comía machas a la parmesana y una botella de vino blanco en la Casa de Cena. “Esto no va a resultar”.

Reflexión #5, mientras tomaba un schop en el Prosit de Plaza Italia. “No me lo termino nica, quiero puro irme pa’la casa”.

Paintball

Luego de una semana de pega, fui al Rancho Paintball, en El Descanso, Maipú, con un grupo de AD Retailers y asociados.

Nos entregaron overoles, cuello de polar, máscara, guantes, y lo más importante, la pistola a gas, que dispara bolas de pintura de unos 1,5 cm de diámetro, y dejan unos moretones más o menos.

El campo de batalla tenía trincheras, pastizales, colinas, y puntos de protección, hicimos dos grupos y nos dedicamos a liberar el stress de la semana.

Para no quedarnos cortos, trajimos una buena cantidad de balas extra, cosa de detenernos porque ya era tarde, no por falta de munición.