Buen orden y filósofos que se alimentan

Dos pensamientos con acoplamiento bajísimo:

Me contaba YE el otro día, que iba a ver una charla que daba su hijo acerca del Teorema del Buen Orden. Un nombre curioso, me parece a mí. Como el de este artículo: “A funny property of sphere and equations over groups”. ¿Una propiedad chistosa de la esfera? ¿En serio? Y el tipo de esta última página linkeada dice que tuvo que ir a una biblioteca a conseguir y fotocopiar el artículo, como si fuese algo antidilivuano. “¿Te acuerdas cuando uno iba a la biblioteca a fotocopiar cosas?”, recuerda el autor por ahí. Pero estoy divagando. Vamos al otro pensamiento.

Fui a almorzar donde mi hermano, mi cuñada y mi sobrino el sábado, y antes de sentarme a la mesa, les pregunté si había puestos fijos, o si podía sentarme donde deseara. Primero me dijieron que me sentara donde más me gustase. Pero luego me indicaron que la cabecera prefería ocuparla uno de ellos. Me pareció razonable.

Recordé entonces otra mesa, donde sentarse era todo un lío; un lío jocoso tal vez. Más bien un ritual. Luego del llamado a la mesa, todos se ponían de pie, pero nadie avanzaba, nadie se movía. Solamente de pie. Entonces una especie de director de orquesta o maestro de ceremonias, indicaba, uno a uno, quién se sentaba dónde. Y todos ya sabían que así era la cosa, esperaban tranquilamente que los invocaran. Era larguísimo, interminable. La comida se enfriaba, se alejaba el momento de disfrutarla. Y yo intentaba sentarme en cualquier lado, menos en el que me estaban ‘sugiriendo’, más bien asignando. Incluso se hacían planes previos, horas o días antes de la llegada de los invitados. “Sentemos a Juanita, que está soltera, al lado de Andrés, que también lo está”. Complicadísimo. “No sentemos a Marcos al lado de Isidora, por lo que paso cuando (– poner historia de su agrado acá –)”.

Complicado, menos mal no había deadlock, como con  estos filósofos comensales (Platón, Confucio, Sócrates, Voltaire, Descartes):

Foto obtenida de Commons de Wikipedia.

Percepción > suma de sensaciones

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Ebbinghaus illusion

Continuando con nuestra serie sobre la fenomenología, nos ocuparemos ahora de la experiencia de la percepción.

La figura de la izquierda muestra la llamada ‘Ilusión de Ebbinghaus’. Ambos círculos naranjos son del mismo tamaño, pero los percibimos como si fuesen de tamaño distinto.

¿Estamos siendo engañados por nuestros sentidos? ¿No son entonces nuestros sentidos confiables? ¿Por qué vemos ilusiones como estas? Entender la percepción nos dará algunas respuestas.

La fenomenología recalca que el mundo perceptual, que es concreto, sensual e intuitivo, tal como lo experimentamos en primera persona, es la fuente de significado y justificación para nosotros. En particular, es condición para la conceptualización y articulación científica (ya haremos una serie sobre eso más adelante).

Según esta escuela, la percepción tiene un carácter inmediato para el sujeto: el mundo se nos presenta directamente, sin intermediación. No como si estuviésemos viendo fotos de objetos o leyendo descripciones de ellos. (En esto se opone a las teorías representativas, según las cuales lo que experimentamos son representaciones mentales del mundo en nuestro cerebro).

La percepción, según la fenomenología, es caracterizada por ser holística, gestáltica:

  • No percibimos objetos aislados. Nuestros sentidos no pueden ser tratados como fuentes independientes de datos. La percepción es mayor que la suma de las sensaciones, pues agregamos los dos siguientes elementos.
  • Nuestra percepción incluye el contexto de lo que está siendo percibido. El objeto de nuestra atención siempre está en el medio de otros elementos.
  • Además, nuestra percepción incorpora el contexto (pragmático) del sujeto: sus proyectos, intereses, acciones y posibles acciones.

[Desde este punto de vista, no existen las ‘ilusiones’ ópticas como la de la figura. Nuestra percepción siempre es correcta, porque somos incapaces de ver solamente los puntos naranjos. Los puntos azules que los rodean son también parte integral de la experiencia.]

Otros dos elementos que caracterizan la percepción son nuestra capacidad de percibir más y menos que lo que nuestros sentidos proveen (los ejemplos son usando el sentido de la vista, pero aplica para otros sentidos):

  • Percibimos más: Aun cuando vemos los objetos desde un solo punto de vista, un solo ángulo por vez, somos capaces de percibirlos como un todo, incluyendo las partes que no vemos. Trascendemos la perspectiva del ángulo que visualizamos para percibir un objeto que es completo.
  • Percibimos menos: Si bien nuestro campo visual es amplio (unos 100°), no tenemos la capacidad de aprehender toda dicha información (ejemplos).

A todos los elementos nombrados, agregaré que la fenomenología (en particular la teoría enactiva), caracteriza la percepción como principalmente activa y dependiente de nuestro cuerpo y ambiente:

  • No nos sentamos a memorizar lo que reciben nuestros sentidos para luego tomar acciones. Los datos están en el ambiente, y cuando necesitamos algo, vamos y lo buscamos selectivamente: movemos los ojos, movemos la cabeza, nos desplazamos en busca de lo que necesitamos.
  • Más aun, participamos de una kinestesia. El movimiento de nuestro cuerpo participa de la percepción. Nuestra percepción está embebida en nuestro cuerpo, y, por lo tanto, depende de nuestras capacidades sensomotoras.
  • Por último, el mundo a nuestro alrededor nos provee de datos sensoriales querámoslo o no. Nuestro cuerpo está embebido en un ambiente que da forma a nuestras percepciones de acuerdo a su propia forma.

En el siguiente post hablaremos sobre la intencionalidad. La imagen está tomada de Wikimedia Commons.

Antes de reflexionar

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Cuando discutíamos el funcionalismo, vimos una manera de explicar la conciencia de uno mismo, y comentamos a la pasada que la fenomenología no aceptaría una explicación basada en estados mentales y la capacidad de tomarlos como objeto de atención.

Mind-artistic-spiralLo bueno, es que tomé un libro de fenomenología y dice exactamente lo mismo (tengo corroboración, eeeehh!). Lo que propone la fenomenología es que toda experiencia consciente implica un substrato de auto conciencia pre-reflectiva. Es una forma un poco rimbombante de decir que cada experiencia que tenemos es posible de ser caracterizada como propia. O sea, que el sujeto que está experimentando es uno mismo.

Esto que suena como obvio, bueno, en realidad no lo es tanto. ¿Recuerdan cómo a Neo podían ‘cargarle’ programas de artes marciales? En ese proceso, Neo no pasaba por la experiencia del aprendizaje, simplemente se le transferían las habilidades en cuestión. El enfoque fenomenológico negaría esta posibilidad, por cuanto implica que la experiencia es un objeto separable del sujeto. Para otro ejemplo, de disociación de experiencia y sujeto, vean la serie Dollhouse, la están dando en el canal Fox.

¿Qué caracteriza a esta auto conciencia pre-reflectiva? Sería una condición necesaria (pero no suficiente) para la experiencia, intrínseca, involuntaria, tácita, no observacional (no es reflexión), y no objetivizante.

Luego, cada vez que tenemos una experiencia (percibir algo, recordar algo, imaginar algo), aparte del objeto de la experiencia (el algo), cada una de ellas tiene en común que son algo para mí (el sujeto de la experiencia). Esto es lo que convierte a la experiencia en subjetiva: el hecho que cada sujeto es único.

Aquí podríamos comenzar un debate epistemológico (¿cómo es posible entonces conocer la realidad, si toda experiencia es subjetiva? ¿existen hechos objetivos?), pero eso lo dejaré para más adelante, en una serie acerca del conocimiento.

La conciencia pre-reflectiva es lo que nos permite, por ejemplo, sentir que las experiencias que tenemos son nuestras, aun cuando en su momento no les estábamos prestando atención. Como cuando vamos manejando, pasamos un cruce, y luego nos preguntamos “chuta! ¿la luz estaba verde o roja?”. Este es un ejemplo en el que, aun cuando no estamos prestando atención a la experiencia de manejar, no podemos decir ni que a) estábamos inconscientes, ni que b) no estábamos en control de nuestras acciones.

En este post hablamos acerca de las características pre-reflectivas de la conciencia. En el siguiente post hablaremos de la capacidad de reflexionar acerca de nuestras experiencias.

Ser objetivo

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El quehacer científico se basa, mayoritariamente, en tomar cierto objeto de estudio, y observarlo de forma “no comprometida”, neutral, de manera que dichas observaciones puedan ser repetidas por otros investigadores, comprobadas independientemente. En la medida que estas observaciones van formando parte de un consenso, se validan y son usadas para establecer desarrollos posteriores (leyes, teorías), con diverso poder predictivo respecto del objeto en cuestión.

A esto se le llama un enfoque “en tercera persona”, y es el que mayoritariamente engloba a las explicaciones respecto a la mente que discutimos en la serie anterior (conductismo, funcionalismo, …).

Una pregunta relevante es, ¿podemos estudiar la mente exclusivamente con un enfoque en tercera persona”. La fenomenología propone que dicho enfoque no es capaz de estudiar a fondo la mente, que “se le escapan” elementos clave. Según la fenomenología, existen elementos de la mente que sólo pueden estudiarse desde el punto de vista de la misma persona que está experimentando fenómenos mentales (memoria, percepción, imaginación, …).

La fenomenología propone que usemos un enfoque “en primera persona”. Pero entonces, lo que obtengamos, ¿podrá ser llamado “científico”? Por definición, no sería objetivo, sino subjetivo. ¿Qué hacer?

La fenomenología responde con un conjunto de métodos para el estudio en primera persona, que clama generar observaciones que pueden ser usadas en un contexto científico. O sea, observaciones que evitan el sesgo y la subjetividad. Estos métodos son:

  • Epoché. Consiste en suspender, poner entre paréntesis, nuestra aceptación de la existencia de una realidad objetiva que está a la espera de ser descubierta e investigada. Es suspender nuestra actitud dogmática hacia la realidad, de manera de poder enfocarnos en lo que nos es simplemente dado por nuestra experiencia per se.
  • Reducción fenomenológica. Consiste en analizar la interdependencia correlacional entre estructuras específicas de la subjetividad y modos específicos de la apariencia o lo dado. En castellano, es dejar de interesarse en qué son los objetos, para enfocarnos en cómo son, de acuerdo a nuestra experiencia.
  • Variación eidética. Consiste en identificar las características invariantes de las cosas que experimentamos, descartando sus propiedad no esenciales, de manera de obtener el conjunto de propiedades del objeto que este siga siendo dicho objeto y no otro. De esta manera se analizan actos cognitivos tales como la percepción, el reconocimiento facial, la toma de decisiones, la percepción social, entre otros.
  • Corroboración intersubjetiva. Consiste en determinar el grado en que es posible replicar las estructuras descubiertas mediante los pasos anteriores con las experiencias de otros sujetos, de manera de descubrir si son universales o al menos si son capaces de ser compartidas.

Todos estos métodos se apoyan además en la idea que la conciencia no es simplemente otro objeto en el mundo, (como los árboles, los modelos matemáticos, los procesos químicos, las relaciones sociales, o los artefactos culturales), sino que la conciencia es el “lugar” donde todos estos objetos del mundo se revelan. En otras palabras, este enfoque niega que haya cosas “dentro” de la mente y otras “fuera” de la mente. El mundo y el ser son una unidad que se establece en la mente.

En el siguiente post veremos cómo enfoca la fenomenología algunos elementos del estudio de la mente.

¿Tienes experiencia?

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Continuando con el tema que estamos desarrollando, partamos diciendo que el objeto de estudio de la fenomenología (para el caso de la mente) es la experiencia. En particular, los elementos que conforman la estructura de la experiencia. Esto, desde un punto de vista en primera persona, o sea, originado en quien tiene la experiencia.

¿Cuál es la estructura de la que estamos hablando? Podríamos pensar en dos elementos. Uno es la intencionalidad. Se refiere a que todo estado consciente, es consciente de algo. Si percibo, percibo algo. Cuando recuerdo, estoy recordando algo. Al imaginar, imagino algo. Cuando emito un juicio, es acerca de algo. Esto implica una referencia hacia el mundo. En realidad, mi percepción está sumergida en el mundo (embebida, podríamos decir). Dentro de la intencionalidad podríamos analizar diversos aspectos de la percepción:

  • Interpretación. Cuando percibo algo, no sólo estoy recibiendo información. Sino que le asigno un significado a lo percibido, interpretándolo de acuerdo al contexto (pragmático, social, cultural, …), y de acuerdo a mis experiencias previas. Cuando veo mi taza sobre el escritorio, le doy una semántica, y le asigno una interpretación (recipiente para beber), o si se me da vuelta, le doy otra semántica y le asigno otro significado (origen de mi enojo).
  • Corporalidad. Como caso particular del punto anterior, la experiencia y su interpretación para el individuo está sujeta a las posibilidades y limitaciones corporales, incluyendo el hecho que nuestro cuerpo está sumergido en el mundo (i.e. embebido). Nuestra interpretación del mundo sería distinta, por ejemplo, sí fuésemos seres acuáticos que se comunican por ultrasonido.
  • Continuidad espaciotemporal. Nuestra experiencia trabaja bajo un supuesto de continuidad, que nos permite, por un lado, saber que somos el mismo ser que éramos hace unos momentos (una unidad), y nos permite, por otro lado, actuar bajo un supuesto de coherencia entre pasado, presente y futuro. Si me lanzan un manojo de llaves, yo puedo anticipar que seguirá una trayectoria, e intentar agarrarlo. No esperamos que desaparezca en el aire, y aparezca cinco minutos después al otro lado del planeta, por ejemplo.
  • Incompletitud. No percibimos la totalidad de un objeto a la vez, por un tema (nuevamente) corporal. Nuestros sentidos están localizados en nuestro cuerpo de tal manera, que para experimentar un objeto completamente, por ejemplo, tenemos que tocarlo, darlo vuelta para ver cómo es por detrás, olerlo tal vez. Y, nuevamente, podemos integrar todos esos ‘fragmentos de percepción’ en una sola experiencia del objeto, dándole continuidad a nuestra experiencia.
  • Enfoque. Lo que en algunos lados llaman gestalt. Nuestra percepción se enfoca, cada vez, en un subconjunto del objeto. Mientras escribo estas líneas, me enfoco cada vez en escribir una letra, una palabra, y dejo en el fondo, temporalmente, las anteriores escritas y las posteriores por escribir. No puedo tenerlas todas presentes a la vez. O cuando voy a la escuchar una sinfonía, si quiero captar con detalle el fagot, tengo que dejar en el fondo al resto de los intrumentos por un tiempo.

Recalco que estas interpretaciones se hacen a la luz del hecho que la percepción es a través de un sujeto, que este sujeto está en el mundo, en un cuerpo, y tiene sus motivaciones y propósitos. Esto es diametralmente opuesto a lo que habíamos visto de la posición de Descartes, que suponía que la mente puede existir sin cuerpo. (Y, uhm, by the way, es la postura del catolicismo, cuando hablan de la inmortalidad del alma).

Decíamos que podíamos pensar en dos elementos de la percepción. El primero, la intencionalidad. El segundo son las características cualitativas de la experiencia, el ‘qué siente’ que veíamos en el post anterior.

A diferencia de las teorías que veíamos en la serie anterior (dualismo, funcionalismo, conductismo), podemos notar que la fenomenología no busca explicar la mente. La describe. No nombra neuronas, circuitos, procesos con entrada y salida. Es como la relación entre la cinemática y la dinámica. La idea es que conociendo mejor el fenómeno en estudio (la percepción) podremos desarrollar mejores explicaciones del fenómeno.

En el siguiente post hablaremos sobre el método fenomenológico.

Disfrutar

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Mientras escribo, escucho un concierto de 1970 de Led Zeppelin. ¿Cómo es escucharlo? ¿qué tal es? Son preguntas válidas. De hecho, luego de algunos conciertos, me han pedido mi opinión ¿cómo estuvo? ¿cómo sonaba?

También me ha pasado con la música de otros países. Por ejemplo, la que acompaña a los derviches giratorios en Turquía. Toda una experiencia ver a esos personajes, de hecho hice una descripción de ella en otra parte (cerca del final).

Y hablando de Turquía, ahí viví mi primer (y hasta el momento, único) viaje en globo. ¿Qué se siente andar en globo?

Para los tres casos descritos (la audición de una pieza musical, la asistencia a una ceremonia mística, la experiencia de estar suspendido en el aire), yo podría intentar describirla, explicarla, echando mano a diversas herramientas.

  • Para la música, puedo escribir una partitura. O puedo explicar cómo los diversos instrumentos generan ondas de sonido. O podría dibujar dichas ondas y cómo varían en el tiempo. O podría usar onomatopeyas (i.e. tararear). Algunas de dichas opciones ¿hará que una persona distinta a mi realmente entienda la experiencia que he tenido al enfrentarme a una interpretación musical? Mientras la otra persona no escuche realmente la pieza musical, no entenderá la experiencia.
  • Para la ceremonia, puedo escribir un guión, como un procedimiento, indicando qué iba sucediendo. Puedo mostrar fotos, o incluso exhibir un video. Pero, en realidad, a todas dichas opciones le faltara algo, ¿no? Ninguna de ellas le permitirá a la otra persona conocer mi experiencia.
  • Para el vuelo en globo aerostático. Puedo explicar de qué está hecho el globo, cómo se fabrica. Explicar la física que le permite elevarse superando la gravedad, mostrando las fórmulas del caso. Pero para quien nunca ha estado suspendido en el aire sin moverse, de nada le servirán mis explicaciones.

Pues bien, fíjense en las explicaciones que he dado en la serie anterior sobre la mente. Hemos hablado de estados mentales, funciones mentales, procesos mentales. Pero sucede que ninguno de ellos es realmente parte de la experiencia del sujeto. Sin duda la sustentan. Pero no son la experiencia misma.

Volviendo a lo que originó nuestra primera serie sobre la mente, una máquina que tiene implementados todos los procesos mentales (percepción, cognición, memoria, …), ¿puede expresar qué se siente tener dichas experiencias? ¿es consciente? La conciencia ¿se puede implementar?

Toda esta discusión nos sirve para adentrarnos en el estudio de la conciencia, tal como la experimenta el sujeto (en primera persona, podríamos decir), usando los métodos de la fenomenología. Lo iremos desarrollando en los siguientes posts.

Para ello, me estoy apoyando en este libro. Nuevamente, intentaré usar mis propias palabras, y mis propios ejemplos.

Resumen de la mente

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  • Comenzamos en “Me entiende y me habla”, planteándonos la pregunta ¿cómo haremos en el futuro para distinguir la inteligencia humana de otros tipos de inteligencia?
  • En “Somos especiales” nos preguntamos respecto a la diferencia entre emular la inteligencia y realmente tenerla. Vimos que la conciencia era un punto importante.
  • En “Buscando la diferencia” exploramos condiciones necesarias y suficientes de tener mente, y su relación con el medio donde ésta aparece (neuronas, silicio).
  • En “Descartes subestima el dolor de muelas” expusimos dos problemas: el de las otras mentes, y el la relación cuerpo-mente. Vimos también que la posición Cartesiana es el dualismo.
  • En “Compórtese” vimos la posición conductista.
  • En “¡No te metas en mi mundo!” hablamos de los estados privados.
  • En “Sigue la regla” discutimos el argumento de Wittgenstein sobre los lenguajes privados.
  • En “Miénteme” vimos que el conductismo se queda corto en su exposición de la mente.
  • En “Conéctalo y mira si funciona” expusimos el funcionalismo.
  • En “Estropeado” nombramos algunos casos extremos para ‘testear’ la fuerza de la postura funcionalista.
  • En “Emulador de inteligencia” tratamos de ver cómo se exportaría el funcionalismo a mentes no humanas.
  • En “No seas inconsciente” expusimos la objeción de la fenomenología.
  • En “Me estas hablando en chino” discutimos el argumento de Searle que intenta echar abajo la postura funcionalista.
  • Por último, en “Supongo”, comentamos algunos supuestos que están debajo de toda la discusión desarrollada, y que podrían ser inadecuados.

Vaya, fueron 14 posts en el tema de la mente! Para desarrollar este tema, me basé principalmente en este libro de Appiah, tomé el capítulo 1, y lo fui siguiendo, pero exponiendo el tema en mis propias palabras, e intentando diseñar mis propios ejemplos. Además, durante estas semanas me leí las Investigaciones Filosóficas de Wittgenstein, con el objeto de entender bien su argumento del lenguaje privado. Por último, en estos días estoy terminando la introducción a la mente de Searle, que está súper claro y didáctico, tal vez luego de ver el camino de la fenomenología, tome algunas de las cosas de Searle en un nuevo camino.

En el próximo post, comenzaré a revisar el punto de vista de la fenomenología para la mente.

Supongo

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Hemos estado revisando con cierto detalle la postura del funcionalismo como caracterización de lo que es tener mente. También hemos conversado un poco sobre la objeción fenomenológica al funcionalismo. En el último post quedábamos desconcertados porque no tenemos herramientas para indicar quién está en lo correcto.

Algunas formas de salir del problema requieren poner en duda algunos supuestos que hemos estado usando en nuestra discusión:

Método: Todo el rato he expuesto argumentos y explicaciones. ¿Dónde están los datos, los experimentos, la opinión de biólogos, neurólogos, psicólogos, investigadores de inteligencia artificial? El método filosófico como que se hace a un lado del método científico a la hora de buscar sus resultados. Habitaciones chinas, cerebros conectados a la matrix, lenguajes privados (el chaucho), todos son parte de experimentos mentales. ¿Son ellos factibles de llevar a la práctica? Tal vez sentarme a pensar no es la forma de llegar a un resultado concluyente …

Estados internos: Hemos seguido nuestro sentido común o psicología popular al hablar de nuestros estados internos (creencias, deseos, sensaciones, intenciones, emociones, …). Y hemos estado dándole vueltas a sus características, definición, dinámica. Pero no nos hemos preguntado ¿estamos seguros que estos estados existen como tales? Es posible que nuestra psicología popular no esté de acuerdo con el funcionamiento biológico de nuestro cerebro.

La mente es “especial”: Todos estos posts han tratado de explicar la mente como un fenómeno diferente a los fenómenos físicos. Cabe preguntarse, ¿es eso correcto? Al fin y al cabo, en la física nos encontramos con fenómenos “raros” con cierta frecuencia: magnetismo, singularidades del espacio-tiempo (hoyos negros), principio de incertidumbre, ¿por qué tenemos que buscar explicaciones a la mente fuera de sus componentes físicas (o sea, fuera de la biología)?

En el siguiente post voy a hacer un resumen de todo lo visto (un índice más bien) y después de eso, voy a ver qué se puede hacer para seguir el camino propuesto por Leo para afrontar el tema de la mente (que se basa más en la fenomenología que en el funcionalismo).

Me estás hablando en chino

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¿Cómo establecer un criterio objetivo para probar si algo tiene conciencia? En particular nos referimos a algo que no es humano. Searle nos propone que es imposible que eso suceda, en su habitación china.

Chinese_Room2

Imaginemos una persona dentro de una habitación. Esta persona sólo entiende inglés. La persona recibe símbolos por una rendija de la habitación. Tiene un manual de instrucciones, que indica qué hacer cuándo recibe cierto símbolo, incluyendo consultar símbolos que ya ha recibido anteriormente. Luego de consultar su manual de instrucciones, entrega símbolos por la rendija de la habitación.

Esta persona no lo sabe, pero desde afuera de la habitación, lo que sucede es que se están desarrollando una conversación en chino. La habitación está interactuando es esta conversación por la rendija de la puerta, mediante estos símbolos.

Searle nos dice entonces que, si bien desde afuera pareciera que se está desarrollando una comunicación en chino, al preguntarle al personaje que está adentro si entiende chino, la respuesta es no. Según este argumento entonces, para que haya mente, no basta con que se responda adecuadamente a estímulos externos de acuerdo a estados internos, porque falta el entendimiento. Según Searle, entonces, se ha refutado el funcionalismo que veníamos discutiendo.

Hay varias respuestas a este argumento (ver el enlace a la wikipedia). Pero me parece que la mejor es la siguiente: Tal vez los diversos componente de la habitación china no son conscientes, pero el sistema completo sí lo es.

Lo que nos dice el argumento de Searle es similar a sostener que dado que las neuronas por sí solas no tienen conciencia, entonces el cerebro tampoco tiene conciencia, lo que es absurdo.

Era un bonito intento el de Searle, y lo quise poner acá para no llegar abruptamente a una conclusión que nos desorientará. Lo que esta sucediendo, es que no está claro de qué forma habría que diseñar un experimento para determinar la cuestión de cómo identificar si algo tiene o no tiene mente. Esto es así porque  la conciencia no es determinable con los medios científicos con los que hoy contamos. No es observable.

Luego, ninguna cantidad de evidencia nos permitiría decidir si están en la razón los funcionalistas o los fenomenologistas.

En el siguiente post veremos algunas cosas que todavía podemos hacer al respecto para salir de esta situación.

(La imagen es de Wikimedia Commons)