No seas inconsciente

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Como el chiste de XKCD, ¿hasta qué punto basta con la presencia de respuestas adecuadas basadas en estímulos externos y estados internos, para decir que algo tiene mente?

Los fenomenologistas dicen que el funcionalismo no es condición suficiente para tener mente, porque faltaría que exista una vida interna consciente. En otras palabras, el funcionalismo se quedaría corto al capturar la esencia de lo que es tener mente.

Según la fenomenología, la falta de conciencia haría imposible que las máquinas tuviesen mente, aun cuando emulen muy bien el comportamiento de un ser con mente. Entonces, tenemos que caracterizar l0 qué es la conciencia para poder entender este punto de vista.

Una definición podría ser que los estados conscientes son aquellos sobre los cuales nuestra propia mente tiene creencias. Esto que suena tan raro es en realidad lo que ocurre cuando respondemos a preguntas como 1. “¿qué quieres?” o 2. “¿qué piensas?” o 3. “¿qué sientes?”. Para responder a estas preguntas, uno reflexiona, hace introspección, descubre su estado respecto a deseos (pregunta 1) o creencias (pregunta 2) o emociones (pregunta 3), y comunica lo que cree respecto a esos estados. 1. “Quiero tallarines”, 2. “Creo que estás equivocado”, 3. “Siento alegría”.

(Ojo que esto no quita que además los humanos tenemos estados inconscientes que generan acciones, como cuando pasamos por luces verdes sin darnos cuenta que las hemos mirado, o como cuando espantamos mosquitos estando dormidos).

Por supuesto que la definición que hemos dado es funcionalista, y a un fenomenologista no le gustaría mucho, puesto que todo esto puede ser emulado por una máquina. O sea, una máquina puede estar consciente de sus estados. (Es casi chistoso verificar que Java tiene tutoriales de introspección y reflexión para su lenguaje orientado a objetos).

Según la fenomenología, aun en este caso tendríamos sólo una buena imitación, pero faltaría aún el “que se siente tener conciencia”: la naturaleza de dicha experiencia subjetiva (qualia), que supuestamente sólo un ser humano sabe en su fuero interno, pero una máquina sería incapaz de experimentar.

Lamentablemente, en este punto estaríamos llegando a un callejón sin salida, porque la postura de la  fenomenología no refuta (no falsa) el punto de vista funcionalista.

En el siguiente post veremos un intento de dar luz en este tema.

Emulador de inteligencia

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Dijimos anteriormente que

El funcionalismo nos propone que definamos la mente como algo que frente a eventos externos, entrega ciertas respuestas, que dependen tanto del evento externo como de sus estados internos actuales. Estos serían los estados mentales (creencias, pensamientos, deseos, emociones, dolor, …).

Y hemos explorado algunas consecuencias de esto, para la mente humana. Un momento. ¿Por qué hacer la distinción de ‘humana’? ¡Porque la posición funcionalista no necesariamente implica que haya exclusivamente un humano con mente!

Este es uno de los maravillosos puntos donde hay una intersección de disciplinas. En el post pasado cruzamos filosofía con psicología y con medicina (neurofisiología, neurología, psiquiatría). En este post estamos cruzando la zona entre la filosofía y la ciencia de la computación, específicamente, la Inteligencia Artificial.

La postura funcionalista estaría admitiendo la posibilidad que el tener mente no es exclusivo de los humanos. Cualquier cosa que tenga ciertos estados mentales (creencias, emociones, percepciones, …) y funcione de cierta manera, tendría mente.

Si bien no soy experto en esta área de la ciencia de la computación (me especialicé en gestión de calidad del proceso de desarrollo de software), comparto el bombardeo que hemos sufrido de la ciencia ficción respecto a estos temas:

  • Yo, robot, el libro de cuentos de Isaac Asimov, y la película con Will Smith.
  • 2001, donde HAL hace de las suyas.
  • Terminator, donde las máquinas toman el mundo.
  • Matrix, donde “migran” las mentes de los humanos a una gran computadora.

He estado investigando al respecto, pero es una gran caja de pandora la relación entre la filosofía y la inteligencia artificial. No sé si abrir esta caja de pandora, porque dará para largo y me va a desviar de la línea que estoy siguiendo en estos posts. Sospecho que será inevitable tomar este tema más adelante!

En el siguiente post veremos algunas críticas al funcionalismo.

Estropeado

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  • Una persona inconsciente: Puede que su cerebro esté intacto, y puede que despierte eventualmente, o puede caer en coma. Tal vez un escaner no encuentra daño neuronal. Pero la persona no es capaz de responder apropiadamente a los estímulos del ambiente. ¿Tiene mente?
  • Una persona dormida: ¿Cómo la distingo de la anterior? Mientras duermo, respondo a algunos estímulos externos (ruidos, tacto), pero no a otros. ¿Tengo algunos estados mentales ‘apagados’? ¿Tengo 1/3 de mente?
  • Un bebé: Responde parcial pero progresivamente a los estímulos externos. Aún no desarrolla el mensaje. ¿Cuánta mente tiene? ¿Qué percepciones y sensaciones tiene? ¿Tiene creencias?
  • Luego de una lobotomía: Una persona pierde algunas facultades para percibir y para responder a estímulos. Pierde parte de la memoria, o la visión de un lado, o la capacidad numérica. Hoy sabemos que hay zonas del cerebro asociadas a ciertas funciones psicomotoras. Pero mantiene otras facultades, mantiene alguno de sus estados.

Como vimos con el teléfono, un aparato bueno, pero la red estropeada, entonces decimos “el teléfono está malo”. Una red operativa, pero un aparato estropeado, entonces decimos lo mismo: “el teléfono está malo”. Todos los ejemplos anteriores eran casos de aparato (el cerebro) estropeado. Veamos el otro lado de la moneda:

  • Un psicópata. Asesina gente por gusto. Un escáner no encuentra problema alguno con su cerebro. Es un desorden psiquiátrico‐psicológico, no fisiológico. Su condición es determinada por un perito que no es médico, es psicólogo. Le gusta hacer cosas que no le deberían gustar hacer.
  • Mal desempeño escolar: Una madre lleva a su hija al psicopedagogo, para que le dé herramientas que le ayuden a mejorar su desempeño. Su hija está desmotivada. No le recetan medicamento alguno.
  • Un postulante rechazado de una pega: Le hacen un test psicológico, y determinan que tiene problemas con la autoridad. Él no cree en las jerarquías.

(En cursiva puse los estados internos de cada caso: creencias, percepciones, gustos, …).

El primer grupo de problemas “mentales” tiene que ver con la medicina. El segundo grupo de problemas “mentales” tiene que ver con la psicología. En un tercer grupo, podemos nombrar elementos que mezclan ambos: se usan fármacos para combatir la depresión, se usa ritalín (Focusyn) para niños hiperactivos con déficit atencional, y el alcohol desinhibe nuestro comportamiento.

Parece que el funcionalismo nos ayuda un poco a entender qué es la mente. En el siguiente post lo estrujaremos un poco más.

Conéctalo y mira si funciona

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Recuerdo el teléfono que tenían en Rengo. Tenía una manivela para “darle cuerda”, y luego una operadora te contactaba con algún número (no tenía tecla alguna, ningún botón). También recuerdo el primer teléfono que teníamos en casa, con un disco para marcar cada número. Ahora tengo en mi oficina un teléfono inalámbrico, que además me dice la hora y otras cosas choras.

Recuerdo además los primeros teléfonos celulares, que venían con una maleta de varios kilos, y tenían una antena visible. Y la última chupada del mate hoy son teléfonos touch, pequeños, livianos, sin botones, la antena no se ve.

Y tenemos Skype, donde el “aparato” es el mismo PC con el que escribimos los posts en los blogs.

¿Qué tienen en común todos estos aparatos? Que todos, en lo básico, funcionan igual.

  • Los enciendo (estado: encendido).
  • Marco un número (estado: marcando).
  • Hay un período de espera hasta que contesten (estado: en espera).
  • Hay una conexión entre ambas partes (estado: conectado).
  • Corto (estado: conexión terminada).

Notemos que la red sobre la que funciona el teléfono varía (cables de cobre, telefonía celular analógica/digital, VoIP, …), que los aparatos mismos son de diversos tamaños, y formas, pero que en lo básico, comparten los mismos estados, y funcionan igual. Hay una serie de reglas para ir cambiando de estado, por ejemplo, si no he marcado un número, no puedo pasar de encendido a en espera.

¿Cómo se aplica a nuestro problema de identificar otras mentes? Vimos que el dualismo de Descartes dice que los estados mentales son totalmente privados e inalcanzables. Vimos que el conductismo dice que los estados mentales son totalmente públicos. El funcionalismo se pone al medio.

El funcionalismo nos propone que definamos la mente como algo que frente a eventos externos, entrega ciertas respuestas, que dependen tanto del evento externo como de sus estados internos actuales. Estos serían los estados mentales (creencias, pensamientos, deseos, emociones, dolor, …).

Cuando tengo un teléfono (el aparato) que se estropea, ya no nos sirve para hacer llamadas. Cuando se cae la red telefónica, el aparato ya no nos sirve para hacer llamadas. Cuando ambas cosas están operativas, entonces decimos que el teléfono funciona.

Entonces, según el funcionalismo, podemos pensar la mente también como una sola cosa, pero con varios niveles. Podríamos pensar en el nivel neurofisiológico (reacciones bioquímicas), y en el nivel psicológico (deseos, pensamientos, …).

En el siguiente post seguiremos desarrollando esto.

Miénteme

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Estamos analizando la postura conductista para definir lo que es la mente: “tener un cuerpo con ciertas disposiciones específicas”, por ejemplo, la disposición a comunicarse usando lenguajes.

Y estábamos tomando mano del argumento de Wittgenstein (a todo esto, él no era conductista), que indica que efectivamente, no hay nada más que pueda ser comunicado de una mente, aparte de la conducta observable. O sea, que no hay “estados privados”.

Pero entonces me asaltan las siguientes dudas respecto a la postura conductista:

  • Discapacitados: ¿Qué hubiese sido de Stephen Hawking hace cien o doscientos años? Según este argumento, sería considerado hoy un ser sin mente (o que la perdió), porque no responde adecuadamente a los estímulos. Claro, no estaba lista la tecnología que le permite hoy comunicarse y ser tildado de “mente brillante”! En este caso, el “mundo privado” de Hawking lo hubiese sido simplemente por falta de medios de comunicación, y no por lelo o falto de mente.
  • Niños: Según la postura conductista, un niño que aún no habla, no tiene mente, porque no se conduce “apropiadamente” frente a los estímulos. Si este fuese el caso ¿cuándo y cómo aparece la mente en los niños? ¿Está desde que nace, o aparece después?
  • Subconsciente: Si no hay mundos privados, entonces algunos psicólogos quedan desempleados, sobre todo los que siguen a Freud y el psicoanálisis, que efectivamente buscan en nuestro subconsciente (= mundo privado) los elementos que afectan nuestra conducta (= mundo público).
  • Seres “transparentes”: Sería posible entonces, una conversación como la siguiente: “Hola! tú estás bien, ¿cómo estoy yo?”, basada en dos personas que simplemente observan su conducta.

[De hecho, esto último me recuerda a un programa que vi anoche en Fox “Lie to me”, donde hay unos profesionales en detectar a gente que miente al observar su conducta.]

¿Qué hacer con estas preguntas? Bueno, abandonar el camino que estábamos recorriendo, e intentar otro, que veremos en el siguiente post: el funcionalismo.

Sigue la regla

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¿Existe dentro de nuestra mente un espacio privado, inaccesible al mundo exterior, inexpresable?

Según Wittgenstein, no. O al menos, ninguno del que podamos a hablarnos a nosotros mismos.

Imaginemos que existe un estado privado. Podría ser una sensación, una emoción, una creencia, una idea, lo que sea. Llamémoslo chaucho (es irrelevante el nombre).

Cada vez que experimento este estado, puedo decir “ahora tengo un chaucho”. Pero si alguien me pregunta ¿qué es un chaucho? No puedo expresarlo en lenguaje ordinario. (Recordar las características del post anterior).

Entonces, es válido preguntarnos ¿cómo sé que estoy experimentando un chaucho? ¿Cómo sé que no lo estoy confundiendo con otra cosa, otro estado? ¿Qué criterio uso para validar que estoy teniendo un chaucho?

Podría responder, “yo me conozco a mí mismo mejor que nadie, por supuesto que soy capaz de distinguir un chaucho cada vez que lo experimento”.

Pero, lamentablemente, también sabemos que en el pasado nos hemos equivocado en nuestras apreciaciones sobre nosotros mismos. Por ejemplo, cuando en un momento dado quiero recordar el nombre de un actor de una película (decimos: “yo lo sé!”), pero por más que me esfuerzo no lo recuerdo (decimos: “yo lo sabía!”). Horas o días más tarde, súbitamente, aparece este recuerdo de la nada (decimos: “claro que lo sabía!”).

Entonces ¿cómo sé que estoy experimentando un chaucho? ¿Cómo lo chequeo? No tenemos garantía alguna de que estemos asociando la palabra chaucho con el estado privado en cuestión.

Es como cuando una persona tiene que tomarse un remedio a diario. ¿Cómo sabe que no olvidó tomarlo? Puede hacer una marca en un calendario. Pero ¿y si olvida poner la marca? Puede cambiarse de mano el reloj. Pero ¿y si olvida hacerlo? Y así hasta el infinito.

Entonces, identificar un chaucho, crea una serie de problemas de la que no podemos salir. Por lo tanto, un chaucho es inidentificable, no me puedo refirir a él. Esto significa que no tiene sentido el concepto de estado privado. O no existe, o no puedo hablar sobre él, ni siquiera a mí mismo.

En el siguiente post veremos algunas críticas a esta postura.

¡No te metas en mi mundo!

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Antes de explicar el argumento, veamos qué sería un mundo privado.

Recordemos que estamos explorando la idea de que es posible identificar si un ser tiene mente, sobre la base de observar su comportamiento: buscando elementos en dicho comportamiento que sean caractéristicos de un ser que tiene mente.

En particular, nos interesa saber si basta con la observación del comportamiento, (si es suficiente) para hacer esta caracterización. En caso de no ser suficiente, significa que existen elementos propios de los seres que tienen mentes que no son observables externamente, elementos que estarían de alguna manera encapsulados.

¿Qué tipos de elementos podrían ser estos que no son observables? Podríamos indicar: ideas, conceptos, representaciones, emociones, sensaciones.

¿Qué significa que no sean ‘observables’? Digamos que significa que no es posible comunicarlos al exterior. A esto nos referimos con “privado”.

¿Cómo comunicamos cosas ‘internas’ al exterior, a otras personas? Usamos algún tipo de lenguaje. El lenguaje es la conducta por medio de la cual estamos observando los estados internos del ser.

Identifiquemos entonces este mundo privado con un lenguaje que llamaremos, con mucha imaginación, lenguaje privado. Este es un lenguaje que, por definición:

  • Nadie más puede entender. (Si alguien más lo entiende, entonces podría comunicar el estado privado, que dejaría de ser privado, pasaría a ser público).
  • Es intraducible a otro lenguaje. (Si lo traduzco, entonces pasaría a ser público). O sea, no puedo definirlo en términos de un lenguaje ordinario.
  • Nadie más puede aprender. (Si alguien lo aprende, entonces pasaría a ser público).

Ok, dejo esto para ser procesado hasta el próximo post, donde nos adentraremos en el argumento mismo que (supuestamente) demuestra que no existen estos mundos privados, y que, por lo tanto, es suficiente con observar la conducta para identificar si un ser tiene o no tiene mente.

Nota: Estoy siguiendo en este caso las ideas de Wittgenstein. Luego las criticaré.

Compórtese!

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Vimos en el post anterior que poco nos ayuda la postura de Descartes para nuestro problema de caracterizar/identificar a una mente distinta a la nuestra. Abandonémosla entonces, y exploremos una de las opciones que ya vimos. Dijimos que

Algo que se comporta como si tuviese mente (una máquina), y que yo no puedo distinguir de algo que si la tiene (un humano), ¿podemos decir que efectivamente tiene mente?

Partiendo de ahí, podemos buscar elementos que caractericen a un ser que tiene mente. Tomaremos mano temporalmente de la postura psicológica llamada conductista.

Según esta postura, “tener mente” se identificaría con tener ciertas disposiciones corporales para comportarse de cierta manera bajo ciertos estímulos. O sea, que responda de ciertas maneras a algunas situaciones. Esperamos que si le pregunto a alguien ¿qué edad tienes? responda con un número, y no (por ejemplo) con un color, o que se quede callado.

Esta opción conductista nos dice entonces que podemos “alcanzar” o “conocer” cosas respecto de los estados mentales ajenos observando la conducta del ser. ¿Cuánto podemos conocer de la mente usando este mecanismo? O sea, ¿existe un “mundo privado” de nuestra mente que es inexpresable, imposible de compartir o de alcanzar?

Esta pregunta es relevante, puesto que si me enfrento a un robot (o a un zombie filosófico), y si existen los “estados privados”, sucederá que este robot, si se conduce (imita) toda conducta de un ser con mente, entonces seré incapaz de determinar si efectivamente tiene o no una mente.

Por el otro lado, si no existen estos “estados mentales privados”, entonces hay un camino para identificar a un ser que sólo está imitando, pero que no tiene mente.

Veremos el el siguiente post un argumento que dice que no existen estos estados privados.

Descartes subestima el dolor de muelas

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Lo que nos indicaba Rodrigo en el comentario del post anterior, que somos especiales porque nos damos cuenta de nuestra existencia, es una respuesta parcial al problema que estamos desarrollando: indica que nos damos cuenta de la existencia de nuestra mente, pero no nos ayuda respecto a la existencia de otras mentes.

Recordemos que queríamos distinguir un ser con mente de otro que la emula. Podríamos pensar en dos posibilidades:

  • ¿Cómo sé que los otros cuerpos que veo no son fruto de mi imaginación (como cuando estamos soñando, o si estuviésemos en la Matrix)?
  • ¿Cómo sé que los otros cuerpos que veo no son autómatas sin mente, que la imitan muy bien, engañándome?

Todo esto es un problema que nace de la posición Cartesiana: el problema de las otras mentes.

Pero no es el único problema de la posición de Descartes. En la novela “La Inmortalidad” el escritor checo Milan Kundera nos dice:

Pienso, luego existo es el comentario de un intelectual que subestima el dolor de muelas. Siento, luego existo es una verdad que posee una validez mucho más general.

Estas pocas palabras resaltan (graciosamente) otro de los problemas de la posición Cartesiana: su dualismo mente‐cuerpo. Descartes opina que la mente no necesita del cuerpo para existir, y que ésta no se ubica en el espacio. Entonces, ¿cómo la mente puede producir efectos físicos? ¿cómo un evento físico afecta los estados mentales? Su postura disocia el sentir de el pensar.

Un problema nos llevó a otro. Partimos preguntándonos por las otras mentes. Ahora nos estamos cuestionando sobre la relación entre nuestro cuerpo y nuestra mente.

Buscando la diferencia

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Continuando con el tema de los posts anteriores, decíamos que los seres humanos eramos “especiales”.  Digamos que aquella característica especial se llama “mente”. O sea, que lo que nos hace conscientes es que tenemos mente.

Pero ¿qué significa que tengamos mente? ¿Qué es tener mente?

  • Podemos abrir un aparato parlante (robot, o lo que sea), ver que está hecho de silicio y cables, pero eso no descarta que pueda tener mente.
  • Por otro lado, podemos abrir a un ser humano (se hace en las cirugías), y vemos tejidos orgánicos. Pero eso no indica que tenga que tener mente.

Si descartamos los materiales de los que está compuesto el ser (silicio, tejidos orgánicos), ¿con qué nos quedamos? Si no podemos observar, detectar y aislar aquello que está dentro y que confiere la mente, ¿qué camino seguir? En el fondo, ¿tenemos forma de ‘detectar’ una mente?

Algo que se comporta como si tuviese mente (una máquina), y que yo no puedo distinguir de algo que si la tiene (un humano), ¿podemos decir que efectivamente tiene mente?

Otro aspecto relevante es pensar. ¿Nacemos con mente? ¿O esta se desarrolla? ¿Se puede perder la mente? Cuando veo a niños pequeños, recién nacidos o de pocas semanas, parecieran tener menos habilidades que cachorros con la misma edad. Pero en un punto del crecimiento, algo sucede. ¿Se “enciende” la mente? O más bien ¿madura?

Una persona con desórdenes mentales ¿ha perdido o degradado sus facultades mentales? Una persona en estado vegetal ¿ha perdido su mente?