Percepción > suma de sensaciones

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Ebbinghaus illusion

Continuando con nuestra serie sobre la fenomenología, nos ocuparemos ahora de la experiencia de la percepción.

La figura de la izquierda muestra la llamada ‘Ilusión de Ebbinghaus’. Ambos círculos naranjos son del mismo tamaño, pero los percibimos como si fuesen de tamaño distinto.

¿Estamos siendo engañados por nuestros sentidos? ¿No son entonces nuestros sentidos confiables? ¿Por qué vemos ilusiones como estas? Entender la percepción nos dará algunas respuestas.

La fenomenología recalca que el mundo perceptual, que es concreto, sensual e intuitivo, tal como lo experimentamos en primera persona, es la fuente de significado y justificación para nosotros. En particular, es condición para la conceptualización y articulación científica (ya haremos una serie sobre eso más adelante).

Según esta escuela, la percepción tiene un carácter inmediato para el sujeto: el mundo se nos presenta directamente, sin intermediación. No como si estuviésemos viendo fotos de objetos o leyendo descripciones de ellos. (En esto se opone a las teorías representativas, según las cuales lo que experimentamos son representaciones mentales del mundo en nuestro cerebro).

La percepción, según la fenomenología, es caracterizada por ser holística, gestáltica:

  • No percibimos objetos aislados. Nuestros sentidos no pueden ser tratados como fuentes independientes de datos. La percepción es mayor que la suma de las sensaciones, pues agregamos los dos siguientes elementos.
  • Nuestra percepción incluye el contexto de lo que está siendo percibido. El objeto de nuestra atención siempre está en el medio de otros elementos.
  • Además, nuestra percepción incorpora el contexto (pragmático) del sujeto: sus proyectos, intereses, acciones y posibles acciones.

[Desde este punto de vista, no existen las ‘ilusiones’ ópticas como la de la figura. Nuestra percepción siempre es correcta, porque somos incapaces de ver solamente los puntos naranjos. Los puntos azules que los rodean son también parte integral de la experiencia.]

Otros dos elementos que caracterizan la percepción son nuestra capacidad de percibir más y menos que lo que nuestros sentidos proveen (los ejemplos son usando el sentido de la vista, pero aplica para otros sentidos):

  • Percibimos más: Aun cuando vemos los objetos desde un solo punto de vista, un solo ángulo por vez, somos capaces de percibirlos como un todo, incluyendo las partes que no vemos. Trascendemos la perspectiva del ángulo que visualizamos para percibir un objeto que es completo.
  • Percibimos menos: Si bien nuestro campo visual es amplio (unos 100°), no tenemos la capacidad de aprehender toda dicha información (ejemplos).

A todos los elementos nombrados, agregaré que la fenomenología (en particular la teoría enactiva), caracteriza la percepción como principalmente activa y dependiente de nuestro cuerpo y ambiente:

  • No nos sentamos a memorizar lo que reciben nuestros sentidos para luego tomar acciones. Los datos están en el ambiente, y cuando necesitamos algo, vamos y lo buscamos selectivamente: movemos los ojos, movemos la cabeza, nos desplazamos en busca de lo que necesitamos.
  • Más aun, participamos de una kinestesia. El movimiento de nuestro cuerpo participa de la percepción. Nuestra percepción está embebida en nuestro cuerpo, y, por lo tanto, depende de nuestras capacidades sensomotoras.
  • Por último, el mundo a nuestro alrededor nos provee de datos sensoriales querámoslo o no. Nuestro cuerpo está embebido en un ambiente que da forma a nuestras percepciones de acuerdo a su propia forma.

En el siguiente post hablaremos sobre la intencionalidad. La imagen está tomada de Wikimedia Commons.

¿Tienes experiencia?

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Continuando con el tema que estamos desarrollando, partamos diciendo que el objeto de estudio de la fenomenología (para el caso de la mente) es la experiencia. En particular, los elementos que conforman la estructura de la experiencia. Esto, desde un punto de vista en primera persona, o sea, originado en quien tiene la experiencia.

¿Cuál es la estructura de la que estamos hablando? Podríamos pensar en dos elementos. Uno es la intencionalidad. Se refiere a que todo estado consciente, es consciente de algo. Si percibo, percibo algo. Cuando recuerdo, estoy recordando algo. Al imaginar, imagino algo. Cuando emito un juicio, es acerca de algo. Esto implica una referencia hacia el mundo. En realidad, mi percepción está sumergida en el mundo (embebida, podríamos decir). Dentro de la intencionalidad podríamos analizar diversos aspectos de la percepción:

  • Interpretación. Cuando percibo algo, no sólo estoy recibiendo información. Sino que le asigno un significado a lo percibido, interpretándolo de acuerdo al contexto (pragmático, social, cultural, …), y de acuerdo a mis experiencias previas. Cuando veo mi taza sobre el escritorio, le doy una semántica, y le asigno una interpretación (recipiente para beber), o si se me da vuelta, le doy otra semántica y le asigno otro significado (origen de mi enojo).
  • Corporalidad. Como caso particular del punto anterior, la experiencia y su interpretación para el individuo está sujeta a las posibilidades y limitaciones corporales, incluyendo el hecho que nuestro cuerpo está sumergido en el mundo (i.e. embebido). Nuestra interpretación del mundo sería distinta, por ejemplo, sí fuésemos seres acuáticos que se comunican por ultrasonido.
  • Continuidad espaciotemporal. Nuestra experiencia trabaja bajo un supuesto de continuidad, que nos permite, por un lado, saber que somos el mismo ser que éramos hace unos momentos (una unidad), y nos permite, por otro lado, actuar bajo un supuesto de coherencia entre pasado, presente y futuro. Si me lanzan un manojo de llaves, yo puedo anticipar que seguirá una trayectoria, e intentar agarrarlo. No esperamos que desaparezca en el aire, y aparezca cinco minutos después al otro lado del planeta, por ejemplo.
  • Incompletitud. No percibimos la totalidad de un objeto a la vez, por un tema (nuevamente) corporal. Nuestros sentidos están localizados en nuestro cuerpo de tal manera, que para experimentar un objeto completamente, por ejemplo, tenemos que tocarlo, darlo vuelta para ver cómo es por detrás, olerlo tal vez. Y, nuevamente, podemos integrar todos esos ‘fragmentos de percepción’ en una sola experiencia del objeto, dándole continuidad a nuestra experiencia.
  • Enfoque. Lo que en algunos lados llaman gestalt. Nuestra percepción se enfoca, cada vez, en un subconjunto del objeto. Mientras escribo estas líneas, me enfoco cada vez en escribir una letra, una palabra, y dejo en el fondo, temporalmente, las anteriores escritas y las posteriores por escribir. No puedo tenerlas todas presentes a la vez. O cuando voy a la escuchar una sinfonía, si quiero captar con detalle el fagot, tengo que dejar en el fondo al resto de los intrumentos por un tiempo.

Recalco que estas interpretaciones se hacen a la luz del hecho que la percepción es a través de un sujeto, que este sujeto está en el mundo, en un cuerpo, y tiene sus motivaciones y propósitos. Esto es diametralmente opuesto a lo que habíamos visto de la posición de Descartes, que suponía que la mente puede existir sin cuerpo. (Y, uhm, by the way, es la postura del catolicismo, cuando hablan de la inmortalidad del alma).

Decíamos que podíamos pensar en dos elementos de la percepción. El primero, la intencionalidad. El segundo son las características cualitativas de la experiencia, el ‘qué siente’ que veíamos en el post anterior.

A diferencia de las teorías que veíamos en la serie anterior (dualismo, funcionalismo, conductismo), podemos notar que la fenomenología no busca explicar la mente. La describe. No nombra neuronas, circuitos, procesos con entrada y salida. Es como la relación entre la cinemática y la dinámica. La idea es que conociendo mejor el fenómeno en estudio (la percepción) podremos desarrollar mejores explicaciones del fenómeno.

En el siguiente post hablaremos sobre el método fenomenológico.