Fundación

This entry is part 6 of 9 in the series Epistemología

[Continuamos con nuestra exploración de la epistemología]

La idea general del fundacionalismo es identificar un conjunto de creencias de las que se tenga certeza, y luego, usar este conjunto para fundamentar otras creencias. Es una estrategia semejante a la usada en matemáticas: a partir de ciertos axiomas considerados ciertos, se deducen teoremas usando un argumento válido, de manera que, cuando las premisas son verdaderas, se transmite la verdad al teorema concluido.
Esta estrategia fundacionalista necesita responder entonces dos preguntas: cuáles son las creencias básicas, y cómo estas creencias básicas fundamentan otras creencias.

Ya hemos visto las propuestas de Descartes y de Locke, veamos cómo se aplica la estrategia fundacionalista a estas propuestas:

  • En la propuesta de Descartes, la clase fundacional serían las creencias para las cuales tenemos evidencia irrefutable.
  • En la propuesta de Locke, la clase fundacional sería las creencias perceptuales, según dos enfoques: Creencias acerca del mundo físico, fundamentadas por la experiencia sensorial; y creencias acerca de nuestra mente, fundamentadas por la reflexión.

En el caso de Descartes, ya vimos que tiene como consecuencia que de su clase fundacional sólo se puede deducir que existimos, y nada del mundo físico.

Revisemos en detalle ahora las consecuencias de la propuesta de Locke. Él argumenta que aumentar las creencias que conforman la clase fundacional incorporando la experiencia sensorial no es algo arbitrario o antojadiza, por dos motivos:

  • Causa externa: Nuestras experiencias son involuntarias. Una vez que abro los ojos, no puedo decidir qué experiencia tendré. Por lo tanto, algo externo a mi propia mente debe estar causando la experiencia.
  • Consistencia: Nuestras experiencias son consistentes. Lo que reporta un sentido, se puede corroborar con otro.

Si recordamos nuestro ejemplo de Neo, vemos que ninguna de las dos cosas nombradas nos ayuda como criterio para decidir si estamos o no dentro de la Matrix, puesto que ambas condiciones pueden ser replicadas dentro de ella. Las experiencias de Neo dentro de la Matrix tenían una causa externa: eran experiencias producidas directamente en su cerebro por la Matrix. Además, las experiencias de Neo dentro de la Matrix eran consistentes: en toda una vida que llevaba adentro, no encontró inconsistencias experienciales que le permitieran deducir que estaba dentro de ella. En otras palabras, para Neo, estar dentro de la Matrix es indistinguible de estar dentro del mundo real.

Sin haber visto esta película en el siglo XVI, Locke estaba al tanto de este tipo de argumentos (no es broma), y él responde que contamos entonces con creencias probables (probabilidad menor que uno), y no creencias irrefutables (probabilidad uno), pero que, en la práctica, eso sería todo lo que se necesita para construir conocimiento. Veamos por qué.

Poniéndonos en el contexto de nuestra definición propuesta de conocimiento como creencia que es verdad y está justificada, en el caso de Locke así se diferencia el caso entre estar dentro de la Matrix y estar fuera de ella:

  • Caso en que Neo está fuera de la Matrix: Tiene evidencia experiencial verdadera de que ve el sol. Creer en esta evidencia, en el esquema de Locke, le permite justificar que tiene conocimiento de que “veo el sol”. De ello deduce que “no estoy en la Matrix”.
  • Caso en que Neo está dentro de la Matrix: La única diferencia respecto del argumento anterior, es que la evidencia que tiene Neo de que ve el sol es falsa. Es falsa porque, recordemos, en la Tierra en el 2199 no se veía el sol. Por lo tanto, cuando Neo cree en esta evidencia, justifica a partir de ella que “veo el sol”, y con ello deduce que “no estoy en la Matrix” está llegando a una deducción incorrecta.

Notemos que, en ambos casos, la evidencia es consistente y causada externamente (tal como lo pide Locke). Notemos también que la justificación en ambos casos también es válida, porque parte de las mismas premisas y llega a la misma conclusión.

El motivo por el cual Neo dentro de la Matrix no tiene conocimiento de que “veo el sol” no es porque esté injustificado en creerlo: al fin y al cabo cuenta con exactamente la misma evidencia que quien está fuera de la Matrix. Neo no tiene conocimiento porque su creencia de que “veo el sol” es falsa. Al ser falsa su creencia, ésta no califica como conocimiento. Por lo tanto, su deducción de que “no estoy en la Matrix” es incorrecta porque parte de una premisa falsa.

Todo muy bien hasta aquí, pareciera que Locke se ha ganado una estrellita en la mano. Pero, ¿qué pasa si dejamos a Neo tener algunas creencias que fuesen verdad? Por ejemplo, quien controla la Matrix podría mirar por su ventana, ver que está nublado en el mundo real en el 2199, y hacer que dentro de la Matrix también esté nublado. En este caso, la estrategia de Locke permitiría decir que Neo sabe que “está nublado”, porque tendría una creencia que es verdad y está justificada. Pero, nosotros diríamos que en realidad Neo no sabe realmente que “está nublado”, sino que es una ilusión que, por casualidad, concuerda con la realidad.

Vimos anteriormente que la propuesta de Descartes nos llevaba a la conclusión que no conocemos cosas que en realidad, si conocemos. Pero en este post, vemos que la propuesta de Locke lleva a la conclusión que podríamos conocer cosas que en realidad, no conocemos. Ninguna nos sirve entonces hasta este minuto.

En el siguiente post, veremos qué otras opciones tenemos. Al fin y al cabo, si en el siglo XVI ya estaba claro todo esto, sin duda los filósofos habrán pensado más opciones para nuestro problema. De repente algún lector ya puede sospechar qué alternativas nos van quedando, ¿alguien hace alguna apuesta?

Tabula Rasa

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Vimos en el post pasado de esta serie que la postura cartesiana propone que exijamos evidencia irrefutable como condición de justificación. Lamentablemente, eso nos dejaría con muy poco conocimiento a nuestro haber: nuestra existencia, el contenido de nuestra mente, y las verdades necesarias. Pero nada respecto al mundo físico. Relajemos entonces la condición propuesta por Descartes, y en vez de exigir evidencia irrefutable, usemos evidencia suficientemente buena como condición de justificación para el conocimiento. Esto exige entonces definir qué sería “suficientemente buena”.


Para responder a esto, John Locke (1632 — 1704) propuso examinar cómo se construye el conocimiento y buscar entonces sus fuentes. Propone que al nacer nuestra mente está ‘en blanco’, y que, en la medida que vamos acumulando experiencias, vamos ‘llenando’ nuestra mente de ideas. Estas ideas, entonces, serían los elementos con los que se construye el conocimiento.

¿Dónde se originan las ideas? Locke propone dos fuentes, ambas basadas en la percepción:

  • La sensación sería la fuente de ideas respecto a los objetos externos a nuestra mente, que percibimos con los sentidos. Por ejemplo, mi idea que “escucho una aspiradora” se origina en que estoy escuchando una aspiradora funcionando en el pasillo.
  • La reflexión, sería la fuente de ideas respecto a los objetos internos a nuestra mente, que percibimos con las operaciones de nuestra mente. Por ejemplo, mi idea que “creo que alguien está aspirando” se origina en una deducción que hago mentalmente (no veo a nadie operando la aspiradora, pero esta no puede funcionar por sí sola).

Además de estas dos fuentes de ideas como elementos para construir conocimiento, Locke propone también que podemos llegar a conocer cosas por razonamiento, que no requiere de evidencia de los sentidos. En esta categoría caerían las verdades necesarias indicadas por Descartes. Por ejemplo, luego de un proceso de razonamiento, puedo saber que la derivada respecto a x de la función exponencial(x), es la función exponencial(x).

Esta propuesta de Locke amplía el conjunto de cosas que podemos conocer, respecto a la propuesta de Descartes. Específicamente, al incluir la sensación como fuente de ideas, abrimos la posibilidad a conocer el mundo físico y nuestro cuerpo, cosa que para Descartes estaba descartada (no pun intended). Sin embargo, esta ampliación del conjunto de cosas que podemos saber puede parecernos arbitraria. ¿Basta con decretar que estas son las fuentes, y automáticamente crece nuestro conocimiento? No. Como ya vimos, hay que incorporar un criterio para decidir en cuál evidencia (ya no necesariamente irrefutable) podremos confiar para justificar nuestras creencias. En el siguiente post discutiremos la propuesta del fundacionalismo como criterio de decisión.

Enfoque fenomenológico para el estudio de la mente

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Por fin está completa esta serie que estudia la filosofía de la mente desde el punto de vista de las técnicas fenomenológicas:

  • Introducción: En “Disfrutar” y “¿Tienes experiencia?” comenzamos a acercanos al tema de estudio de la fenomenología, la estructura de la experiencia.
  • Métodos: En “Ser objetivo” discutimos las herramientas que pone la fenomenología a nuestra disposición. Estas herramientas parten de la perspectiva en primera persona, pero son capaces de entregar interpretaciones de datos empíricos de forma científicamente rigurosa.
  • Conciencia y autoconciencia: En “Antes de reflexionar” y en “Reflejo” exploramos la estructura fenomenológica pre‐reflectiva y reflectiva de la conciencia.
  • Tiempo: En “Sumergido en el tiempo” vimos la naturaleza temporal intrínseca de la experiencia.
  • Percepción: En “Percepción > suma de sensaciones” hablamos acerca de la percepción y su relacipon con nuestro cuerpo y el mundo que lo rodea.
  • Intencionalidad: En “No fue mi intención” profundizamos acerca de las características de la experiencia de un objeto y vimos la inseparabilidad del sujeto y del mundo.
  • Mente corporal: En “Cuerpo 1″ y “Cuerpo 2″ situamos al cuerpo como elemento integral de la experiencia, que se hace transparente en ella, y que es imposible de separar de ella.
  • Acción y agencia: En “Luz, cámara, ¡acción!” proyectamos los temas anteriores hacia la causalidad de nuestras acciones, y el sentido de propiedad que tenemos de ellas.
  • Conocimiento de los otros: En “Deseo tomarme una foto contigo” tocamos la capacidad humana de conocer otras mentes, y la privacidad de los estados mentales.
  • Yo y persona: En “Autorretrato” finalizamos la serie con la experiencia del yo, y los elementos que lo constituyen, a un nivel experiencial y a un nivel narrativo.

Fue cerca de un año de trabajo, con un texto de apoyo que, siendo introductorio, ¡no tenía nada de simple! Dada mi formación centrada principalmente en las ciencias exactas, fue complicado adentrarse en el mundo ‘desde la primera persona’, pero sin duda estoy satisfecho y conforme con haberlo hecho, fue un excelente descubrimiento de las ideas y posturas de Brentano, Husserl, Heidegger, Sartre y Merleau‐Ponty.

¿Qué veremos ahora? ¿Alguna sugerencia?

Autorretrato

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En el último tópico de esta serie acerca de la mente fenomenológica, veré la estructura del yo (self). El texto que estamos siguiendo, nos propone pensar en dos niveles del yo: un yo experiencial y un yo narrativo.

El yo ‘central’ es una dimensión experiencial

El yo experiencial es una parte integral de la estructura de nuestra conciencia. Es la dimensión invariante que le da a toda experiencia el carácter común de “ser mía”, otorgando así el carácter de primera persona a mis fenómenos experienciales.

La experiencia del yo es la percepción prerreflectiva de mi propia conciencia, de una manera autorreferente. Como es prerreflectiva, se presenta de manera constante, minimalista, primitiva, tácita y sutil. Ninguna experiencia que carezca de esta percepción prerreflectiva autorreferente puede ser llamado un ‘yo’.

El yo experiencial no está aislado del mundo, escondido en la cabeza. La experiencia del yo es inherente a toda experiencia del mundo: no se interrumpe la interacción con el mundo para tener experiencia del yo.

El yo experiencial tiene un solo nivel de organización, es estable a lo largo de la vida del organismo, y no es exclusivamente humano: no depende de la memoria, el razonamiento o el lenguaje.

El yo ‘extendido’ es una construcción narrativa

El yo narrativo es más sofisticado que el yo experiencial: se construye por medio de narrativas autointerpretativas. Incluye características autobiográficas, y no puede ser entendido de manera independiente a la autointerpretación. La narrativa surge a partir del lenguaje y, por ello, no existe un yo narrativo de tipo pre‐lingüístico.

Esta narrativa tiene dos dimensiones:

  • Dimensión temporal: La narrativa unifica mis experiencias en el tiempo. En el yo narrativo, una experiencia es mía si la incluyo en la narrativa. El yo narrativo evoluciona, no es fijo, está en constante revisión: incorpora a la narrativa nuevas experiencias y otros elementos, tales como acciones, ideales, valores a los que adhiero, convicciones morales e intelectuales. Todo esto da forma a mi carácter o personalidad; actuar contra los elementos que conforman mi narrativa quita integridad (desintegran) a la persona.
  • Dimensión social: La narrativa está inserta en una comunidad lingüística que es preexistente. Uno no es el autor único de su narrativa, sino que ella está conectada con las narrativas de mis cercanos, y, a la vez, está embebida en una comunidad que le otorga significado. Debido a esto, conocerse a uno mismo es más complicado que una simple suma de las propias creencias y deseos, y es menos privado que lo que uno podría creer, porque uno no puede ser un yo por sí solo. Sino con otros como parte de una comunidad lingüística que le da forma a mi yo, y al entendimiento de los otros.

El yo extendido tiene varios niveles de organización, es evolutivo a lo largo de la vida del organismo y depende de la memoria, el razonamiento y el lenguaje.

Relación entre yo experiencial y yo narrativo.

El yo experiencial no es un producto del yo narrativo. Más bien, el yo experiencial es una condición prelingüística para el yo narrativo: se distingue entre poseer una perspectiva de primera persona y la capacidad de expresar dicha perspectiva de forma lingüística.

Una descripción del yo experiencial no será muy diferente entre un individuo y otro. Pero el yo narrativo tangibiliza y diferencia claramente la individualidad.

Impedimentos en el yo narrativo permiten que el yo experiencial se mantenga intacto; ¿recuerdan el ejemplo que di de Stephen Hawking? En el pasado, podría haberse pensado que él había perdido su yo con su incapacidad física. Por otro lado, impedimentos que se inician al nivel del yo experiencial, pueden causar que el yo narrativo colapse.

En el siguiente post haremos una conclusión acerca del enfoque fenomenológico para la filosofía de la mente.

La foto que ilustra este post es el Autorretrato de Albrecht Dürer, que está en la Alte Pinakothek de München, en Deutschland.

Deseo tomarme una foto contigo

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Veré en este post lo que propone la fenomenología respecto a la cognición social, tema que había tocado antes, y al que había propuesto una respuesta conductista y otra funcionalista.

¿Cómo experimento a los otros?

Como ya comentamos, la fenomenología no reconoce una separación entre cuerpo‐mente, sino que reconoce un carácter de ‘mente corpórea’ (embodied mind) o ‘cuerpo mentalizado’ (minded body). En el caso de la experiencia de otros, se aplica este mismo principio.

Las posturas no fenomenológicas ya revisadas proponen la existencia de estados mentales privados y ocultos, a los que sólo la propia persona tiene acceso, y proponen que el mecanismo de acceso a estos estados mentales es exclusivamente por medio de la observación de la conducta del otro.

La fenomenología propone abandonar esta visión según la cual existiría esta asimetría insalvable de acceso a “estados mentales”.

Propone un balance:

  • La conducta corporal del otro no es sólo el efecto observable de un estado mental.
  • La mente no es exclusivamente interna, desconectada del cuerpo y del mundo.

El principio es que los estados afectivos y emocionales del otro  son expresados en sus gestos y acciones (su conducta corporal), y por lo tanto son visibles para uno. De esta manera, no es posible dividir esto en un aspecto conductual (gestos corporales visibles) y un aspecto psicológico (mente invisible), sino que conforman una unidad expresiva.

La fenomenología reconoce entonces que la conducta corporal cumple un rol esencial en la experiencia y la cognición de otros, pero no identifica dicha conducta corporal con los estados mentales; la relación entre ambos es más débil. Tampoco se rebaja a una simple conexión causal entre ambas, sino que establece una relación entre ambos que es más fuerte.

Los estados mentales de otros, tales como los sentimientos, encuentran una expresión natural en su conducta corporal. Pero no todo está abierto a la vista; algunos estados experienciales del otro son inaccesibles, como por ejemplo las creencias o los pensamientos. Pero las experiencias del otro no son esencialmente inaccesibles: no todas ellas pueden carecer de una expresión natural. La conducta corporal no es, por ejemplo, ni necesaria ni suficiente para ciertos fenómenos mentales (tales como mentir, reprimir y engañar).

[¡Imposible dejar de recordar Lie to me en este punto!]

Propone entonces la fenomenología que tenemos una experiencia directa del otro, sin mediaciones, pero que esta experiencia del otro no es igual que la experiencia de uno mismo. De otra manera, el otro se convertiría en una parte de mi mismo.

Veremos a continuación tres niveles de cognición del otro.

Intersubjetividad primaria

Es la percepción directa (no conceptual) de las intencionalidades del otro, a partir de las percepción sensorimotora de sus acciones corporales. Las intencionalidades del otro se expresan explícitamente en sus acciones corporales y en sus conductas expresivas.

La intersubjetividad primaria permite interactuar con el otro en términos de sus expresiones, gestos, intenciones y emociones. Es una capacidad que se desarrolla en el ser humano entre los 8 y 12 meses de edad, antes de estar en posición de teorizar, simular, explicar o predecir estados mentales del otro.

Se refleja en la capacidad que los infantes tienen de:

  • Encontrar en el cuerpo de otros humanos oportunidades para la acción (apretar, chupar, morder, mirar) y para la conducta expresiva por medio de la imitación.
  • Analizar su ambiente y distinguir en él acciones humanas y no humanas
  • Percibir los movimientos del otro como significantivos y orientados a una meta.
  • Coordinar afectivamente sus gestos y expresiones con los de aquellos que los cuidan.
  • Entender perceptualmente al otro de manera específica: Si prestan o no atención, si son amistosos o no, …).

Intersubjetividad secundaria

Es la percepción del otro a partir de las circunstancias pragmáticas del contexto que se comparte.

Por ejemplo, en una situación donde hay una persona sentada, en silencio, con un libro en las manos, y la mirada de la persona está fija en el libro, uno no percibe todos estos elementos uno a uno, para luego considerarlos y deducir que la persona está leyendo. El contexto que esta persona y yo compartimos tiene un sentido pragmático evidente: que la persona está leyendo se establece de manera inmediata.

Vemos las acciones del otro como significativas en términos de metas e intenciones, dentro del ambiente físico e intersubjetivo. El contexto dentro del cual percibo a otro nunca es neutral; el otro es un agente en un contexto pragmático, y este contexto da luz respecto a las intenciones del otro.

Se nos presenta el otro como un cuerpo viviente dentro de una situación o contexto con significado, contexto que es codeterminado por la acción y expresion de dicho cuerpo.

Entiendo al otro por medio de nuestra participación compartida en el mundo que nos es común: encuentro al otro en una situación en el mundo, y lo entiendo en una manera codeterminada por esta situación común y pragmática.

El contexto hace que un fenómeno expresivo en un caso particular se vuelva comprensible (sonreir, ponerse cara de serio, hacer gestos de enojo).

La intersubjetividad secundaria se desarrolla alrededor de los 18 meses de edad, cuando los infantes:

  • Se dan cuenta de cómo los otros interactúan con el mundo y unen las acciones con contextos pragmáticos: qué significan las cosas y para qué son.
  • Comprenden qué quieren hacer los otros con algo, dentro de un contexto específico.
  • Perciben la intencionalidad en acciones contextualizadas de otros, quienes son agentes de actividades prácticas.
  • Dejan de ser observadores pasivos, interactuando con otros.

Narrativas

Existen situaciones donde la intencionalidad no se expresa en acciones, o simplemente carece naturalmente de expresiones, como sucede con lo que uno piensa o cree.

Para entender en esos casos por qué el otro hace lo que hace, es necesaria una cognición social más sofisticada, basada en una prolongada interacción social en la vida real, para la cual el uso del lenguaje es crucial.

Con el desarrollo del lenguaje, las capacidades que nos confieren la intersubjetividad primaria y secundaria son desarrolladas y usadas en contextos socialmente sofisticados, a partir de los cuatro años de edad.

Para entender que otras personas tienen creencias diferentes que las mías acerca del mundo, tengo que involucrarme en narrativas, por medio de desacuerdos, malentendidos, peticiones de clarificación, diálogos reflectivos. Uso el diálogo, la conversación y las narrativas compartidas para explicar y predecir la acción. Al adquirir competencias con diferentes tipos de narrativas es posible entender a los otros de diversas maneras.

Entender al otro requiere la habilidad de situarlo dentro de un contexto pragmático o social detallado, y entender dicho contexto de forma narrativa. De esta manera, una acción se hace inteligible cuando puede encontrar un lugar en una narrativa.

Las grandes narrativas constituyen las prácticas compartidas que informan nuestro entendimiento cultural y de sentido común. El desarrollo de una narrativa requiere al otro.

Ejemplo

El 20 de febrero del 2010, estaba yo paseando por la Plaza Tian’anmen, en Beijing, cuando se me acerca una señora, y comienza a hablar y hacer gestos. Por supuesto, ella hablaba mandarín (supongo) y nada de inglés. Para poder yo entender lo que estaba sucediendo, no basta la intersubjetividad primaria, que me decía que esta señora era amigable y deseaba algo (¿qué?) de mí.

Tampoco basta la intersubjetividad secundaria, que me decía que algo pasaba con su cámara de fotos que tenía en la mano, y con otra persona a la que ella estaba señalando (¿quería que yo le tomara una foto a ellos dos? ¿Que viese si la cámara estaba estropeada?).

Pero yo había leído y además me habían contado, que era común en China que a los occidentales les solicitaran tomarse fotos con los locales. Yo contaba con esta narrativa acerca de los chinos (la narrativa los establece como curiosos respecto de los turistas occidentales), y acerca de mí (en esta narrativa, yo soy un turista occidental).

De esta manera, tengo acceso al deseo del otro de tomarse una fotografía conmigo, y entiendo su petición de hacerlo. El deseo y la petición del otro se hacen evidentes para mí en el contexto pragmático, gracias a la narrativa.

Para finalizar este post y adelantar algo del siguiente, notemos que al adquirir narrativas damos también forma al entendimiento de nosotros mismos: nos entendemos a nosotros mismos por medio de narrativas.

Luz, cámara, ¡acción!

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Pasamos la mayor parte de nuestra vida en acción, sujetos a preocupaciones de índole práctica.

Fenomenológicamente, podemos decir que un movimiento es una acción cuando éste está dirigido por una meta y es deliberado. Bajo esta definición, uno es agente de dicha acción.

Revisemos la estructura fenomenológica de la acción.

Meta de una acción

En la manipulación y uso de los objetos en el mundo, le asignamos a los objetos significados prácticos, emocionales, estéticos o personales. Estos significados conforman un contexto físico y social, que determina patrones de normalidad para nuestras acciones, derivados por ejemplo de la observación del actuar de otros.

Este contexto hace que las metas  de mis acciones no correspondan a una simple cadena estímulo‐respuesta, sino que su significado es contextualmente complejo e intersubjetivamente determinado. ¿Qué horizonte tiene la meta de una acción? Veamos un ejemplo:

Mientras cocinas, te preguntan por qué sostienes una cuchara de palo. Respondes:

  1. Porque revuelvo la sopa.
  2. Porque estoy cocinando.
  3. Porque preparo mi almuerzo.
  4. Porque es feriado y hoy no viene la asesora del hogar.
  5. Porque estoy con sobrepeso y cocino hipocalórico para adelgazar.

Cada una de estas respuestas refleja un motivo para nuestro actuar, pero están a distinto nivel de  la intencionalidad de la acción. Para responder a la pregunta ¿por qué sostienes una cuchara de palo? nuestra respuesta estará dirigida al nivel pragmático de descripción apropiado más alto.

Sentido de agencia

Una persona no es agente si no sabe que ha causado deliberadamente que algo suceda. Estar consciente de que se es agente de una acción puede pensarse en dos niveles:

  • Nivel pre‐reflectivo, donde se genera un sentido experiencial de agencia. En este nivel, no atiendo al los movimientos que componen mi acción, sino que mantengo un sentido recesivo y vago de que estoy en movimiento. El sentido de agencia en este nivel se produce en función de las señales corporales (eferentes y retroalimentación aferente), y la retroalimentación intencional (tarea, meta).
  • Nivel reflectivo, donde me atribuyo la agencia a mí mismo. En este nivel, los movimientos que componen mi acción son el resultado de un ejercicio de mi voluntad, fruto de una decisión. Mantengo una conciencia explícita de que actúo por ciertas razones.

Existen dos explicaciones contrapuestas para la aparición del sentido de agencia:

  1. Top down: Construyo narrativas autorreferentes, explicando mi conducta de manera retrospectiva, dándole  sentido a mis acciones de manera reflectiva en términos de mis creencias y deseos.
  2. Bottom up: Tengo la atribución de agencia de alto nivel (reflectivo) porque tuve (o recuerdo haber tenido) el sentido de agencia de primer orden (pre‐reflectivo).

Según la descripción dada en este post, ¿qué opinas tú respecto a esta situación?: Mientras otra persona habla, o mientras estás en una sala de espera, mueves la pierna, o los dedos de la mano sobre una superficie,  ¿esto es acción, o es sólo movimiento?

El tema del siguiente post será ¿cómo conocemos a otros?

La imagen la tomé de Commons de Wikipedia.

Cuerpo 2

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En esta segunda parte, desarrollaré brevemente los conceptos de propriocepción y de transparencia experiencial del cuerpo.

Propriocepción

Nuestro cuerpo define el centro del marco de referencia de nuestra experiencia. Estamos imposibilitados de conocer una realidad ‘objetiva’, que sea externa e independiente de nuestro cuerpo.

Podemos distinguir tres tipos de espacios definidos por nuestro cuerpo:

  • Alocéntrico. Es inherentemente objetivo e independiente de nuestro cuerpo. Corresponde, por ejemplo a las coordenadas que da un GPS, la dirección de una vivienda en una ciudad, o aqué definido por puntos cardinales (Colina está al norte de Santiago).
  • Egocéntrico. Es el espacio definido en relación al cuerpo que percibe o actúa. Como cuando estoy frente al mapa del centro comercial y quiero orientarme; para ello, primero tengo que descubrir ‘dónde estoy yo’ y ‘mirando hacia dónde’. En este espacio, las cosas están frente a mí, detrás de mí, arriba mio, a mi izquierda, etc.
  • Proprioceptivo. Es el sentido innato e intrínseco que tengo respecto de mis miembros, su posición y mi postura en general, sentido que carece de perspectiva. Lo desarrollaré a continuación.

Para percibir y actuar es requisito auto‐experimentar el propio cuerpo, en un marco de referencia absoluto. La propriocepción se basa en el hecho que yo no percibo mi cuerpo, yo lo soy. No tengo acceso observacional a mi cuerpo en acción o en percepción, sino que actúo y percibo por medio de él. En este contexto, por ejemplo, no tiene sentido decir que mi pie está más cerca mío que mi mano.

La propriocepción es el sentido innato que me permite saber si tengo los pies cruzados o no, sin mirarlos. A su vez, la propriocepción habilita el sentido egocéntrico y la posibilidad de la perspectiva, puesto que puedo percibir algo como a mi izquierda sólo si tengo el sentido proprioceptivo de dónde está mi izquierda.

El cuerpo como experiencialmente transparente

Cuando actuamos, nuestra atención está en la acción, no en nuestro cuerpo (que se mantiene pre‐reflectivo): Nos enfocamos en la tarea a realizar, el proyecto a lograr, o en algún evento en el mundo que nos parece relevante para nuestra acción. O sea, nos centramos en cierto propósito u objetivo. Por ejemplo, nos olvidamos que con cierta frecuencia ‘apagamos’ nuestra visión con cada parpadeo. Podríamos decir que el cuerpo intenta ‘salir de nuestro camino’ de manera que nos podamos quedar en nuestra tarea.

En este contexto, es útil diferenciar entre imagen corporal y esquema corporal:

  • Imagen corporal: Es el sistema de estados intencionales en los cuales el objeto es el propio cuerpo. Incluye la experiencia perceptual del cuerpo, el entendimiento conceptual del cuerpo, y la actitud emocional hacia el cuerpo. O sea, comprende el conjunto de percepciones, creencias y sentimientos hacia el cuerpo.
  • Esquema corporal: Es el sistema de procesos (funciones sensomotoras) cuasi automáticos que regulan la postura y el movimiento para servir a la acción intencional. Corresponde a la percepción corporal pre‐reflectiva y no objetivizante (o sea, proprioceptiva).

Un ejemplo de la experiencia transparente del cuerpo se da cuando estoy tocando una pieza conocida en guitarra y tengo sólo conciencia parcial de la posición de cada mano, y de los dedos sobre cada cuerda y en cada traste. Aun así (con esta conciencia parcial) soy capaz de tocar de una manera que es más bien automática. Cuando me equivoco, mis manos se convierten en objeto intencional, y dirijo mi atención a identificar qué mano y qué dedo causó este quiebre de la transparencia corporal.

Dentro del esquema corporal encontramos el ‘puedo’, un conjunto de capacidades incorporadas (embodied) para la acción, correlacionadas a los movimientos potenciales que puedo ejecutar y que me permiten, por ejemplo, acceder intencionalmente a las partes de los objetos que no puedo percibir (como ya vimos). Esto está asociado además a que ‘conozco’ mi cuerpo como un conjunto de habilidades corporales pre‐lingûísticas y no conceptuales que no están completamente presentes en la conciencia.

Nos damos cuenta de esto cuando algo va mal. Cuando estoy enfermo, por ejemplo,  desaparece el ‘puedo’, mis proyectos pierden relevancia y significado, y aumenta la importancia que le doy al cuerpo, lo situamos como objeto, abriendo nuestro acceso fenomenológico a él.

En el siguiente post seguiremos con esta serie de fenomenología, y hablaremos sobre la acción.

La imagen es del commons de wikipedia.

Cuerpo 1

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Como vimos anteriormente, según el funcionalismo, el cuerpo (incluido el cerebro) podría ser innecesario para la experiencia y la cognición,  siempre y cuando tengamos el ‘software’ correcto ejecutándose sobre el tipo correcto de ‘hardware’. Este es un punto de vista incorpóreo (disembodied) de la mente, según el cual la conducta inteligente sería independiente de una forma corporal específica.
En oposición, según la fenomenología no hay cognición sin corporalidad: sin un cuerpo no puede haber percepción ni acción. La idea del ‘software’ y ‘hardware’ funcionalista requiere que se tenga que replicar todo el sistema corporal, mediante sensores por ejemplo, para poder dar pie a una cognición equivalente a la que poseemos.
La fenomenología reemplaza las nociones de cuerpo y mente por la de ‘mente corpórea’ (embodied mind) o ‘cuerpo mentalizado’ (minded body). Según esta postura, entonces, la existencia corporal va más allá de lo meramente fisiológico y lo meramente psicológico, para constituir un tercer tipo de elemento que va más allá de los dos anteriores. Entonces, la forma de nuestra experiencia cognitiva estaría determinada por un cerebro ‘encarnado’, o sea, que forma parte indisoluble e inseparable de un cuerpo.Nuestro cuerpo determina, por su estructura, postura y capacidad motora:

  • Lo que cuenta como ‘mundo’ para nosotros. Distinto sería por ejemplo nuestra percepción del mundo si tuviésemos la anatomía de una rana.
  • Nuestro marco de referencia perceptual y de acción. Lo que podemos percibir y hacer depende completamente de las capacidades de nuestro cuerpo.
  • El pre‐procesamiento y post‐procesamiento de la informacion sensorial. Por un lado nuestro cuerpo filtra las señales sensoriales, y por otro lado, les asigna una semántica acorde con el mundo.

Es entonces el cuerpo un elemento imprescindible para el estudio de nuestra experiencia y de nuestra relación con el mundo y con otros, dado que nuestra corporalidad da forma e influencia nuestra experiencia.

Podemos distinguir fenomenológicamente entre el cuerpo objetivo y el cuerpo viviente.

  • Cuerpo objetivo: Corresponde a la perspectiva del observador externo (en tercera persona), donde el cuerpo se corresponde con un objeto, y se construye una abstracción neurológica, fisiólogica, anatómica. Incluso nosotros mismos podemos a veces tomar esta perspectiva respecto a nuestro cuerpo, por ejemplo cuando se nos ‘duerme’ un brazo o nos vemos frente a un espejo.
  • Cuerpo viviente: Corresponde a la perspectiva corpórea (embodied), donde es el sujeto mismo (en primera persona) quien experimenta su cuerpo, tiene experiencias, y es agente.

El cuerpo viviente se presenta de cierta manera en la experiencia, pero además el cuerpo viviente estructura la experiencia, le da forma a nuestro ser‐en‐el‐mundo. Es por medio del cuerpo que se nos revela el mundo, mediante la percepción y la acción.

Otras distinciones fenomenológicas respecto al cuerpo incluyen:

  • El cuerpo le da un sentido al espacio en el que estoy. Es un espacio abierto, lleno de gente o de cosas, un espacio que se está cerrando.
  • El cuerpo refleja las emociones que experimento. Muchas veces nos damos cuenta del ánimo de las personas simplemente observando su postura corporal.
  • El cuerpo le da forma a cómo percibo el mundo. Relacionado con el anterior, nuestra disposición corporal puede hacernos ver al mundo como alegre, depresivo, prometedor.
  • El cuerpo otorga significados al mundo. Las cosas se convierten en ‘presionables’ (botones), ‘lanzables’, ‘comibles’, ‘inalcanzables’.
  • El cuerpo define circunstancias de acción. Define lo corporalmente posible e imposible, los límites de acción o lo que estamos prevenidos de realizar.
  • El cuerpo es expresión del ambiente. Así es como nos disponemos de diversas formas para el día, la noche, el frío, el calor, dentro de la piscina o escalando. Además, refleja nuestro ambiente homeostático, como cuando tenemos fiebre, dolores, o algún desorden hormonal.
  • El cuerpo no es estático: incorpora nuevas habilidades y hábitos, puede extender artificialmente sus capacidades, y puede también experimentar pérdidas.

En el siguiente post completaremos esta exposición fenomenológica del cuerpo.

[A todo esto, la imagen que adorna este post la tomé de una enciclopedia que tengo en la casa. El tamaño de cada parte del cuerpo es proporcional al tamaño del área cerebral que controla dicha parte del cuerpo] .

No fue mi intención

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Cuando hablamos de la intencionalidad de la conciencia, nos referimos a que siempre somos concientes de algo. (presentar, juzgar, afirmar, negar, amar, odiar, desear, percibir, sentir, pensar, fantasear, dudar, esperar, recordar —> algo). Esto significa que hacemos referencia a un contenido, la conciencia está dirigida hacia un objeto, apuntando más allá de sí misma, es acerca‐de algo.
Estructura: La intencionalidad es una relación entre un objeto intencional (existente o no -!- lo que caracteriza a la intencionalidad es la direccionalidad, no la existencia del objeto) y un acto intencional. Esta es una relación interdependiente, interna, que pierde sentido al pensar en ambas cosas por separado. El acto intencional es el correlacionado subjetivo del objeto intencional, y este último es el correlacionado objetivo del primero.
¿Qué pasa con los estados conscientes que no son orientados a un objeto en particular? Sentimientos como el dolor o la nausea, o emociones como la ansiedad, el aburrimiento, la depresión, la tristeza, la nostalgia, la curiosidad, el nerviosismo o la felicidad? Según la fenomenología, lo importante de la intencionalidad no es que se refiera a un objeto, sino que sea ‘direccional’. En los casos nombrados, el estado consciente apunta ‘al mundo’ de manera más o menos omnipresente o amplia, o en otras palabras, estos no son indiferentes al mundo o ‘encerrados’ en nosotros. Se articulan con el hecho que estamos en‐el‐mundo.
Podríamos pensar que todo estado consciente (atención, memoria, intencionalidad, pensamiento, creencia, categorización) tiene un lado
a) experiencial (fenomenológico, subjetivo, irreducible, cualitativo)
b) cognitivo (objetivo, reducible a neurologico, computacional, funcional — o causal) procesar información, reaccionar a estímulos ambientales, y otras funciones.
Funciones mentales, procesamiento de información
- Introspeccionar
- Intend
- Discriminar
- Categorizar
- Reaccionar
- Reportar
Según la fenomenología, esta partición es artificial. El enfoque fenomenológico lo aborda como un concepto que es necesario tratar desde la primera persona, que no es reducible, y que está ligado con la relación mente‐mundo.
Para entender por qué la fenomenología niega la separacion experiencial/cognitiva, partamos indicando que un mismo objeto intencional puede ser experimentado por medio de diversos actos intencionales. El vaso lo puedo: ver, imaginar, soñar, recordar. Además, por medio del mismo acto intencional puedo experimentar diversos objetos intencionales. Puedo imaginar un vaso, el sistema solar, la ecuación de Einstein y a Bilbo Bolsón. Bueno, la fenomenología (Husserl, en particular) señala que estar en un estado intencional se siente distinto que estar en otro estado intencional. No se siente igual dudar del candidato presidencial que ver una foto del candidato presidencial. Hay una diferencia experiencial. Lo que estamos diciendo es que no solo los estados sensoriales tienen aspectos fenomenales (subjetivos, cualitativos, ‘el que se siente’), sino que los estados cognitivos también tienen aspectos fenomenológicos. No podemos experimentar al candidato presidencial ‘solo’ o ‘aislado’. es imposible. Para acceder al objeto , lo hacemos mediante un acto intencional ineludible. (Esto tiene connotaciones epistemológicas, por cuanto no existe el objeto‐en‐sí, no exite lo  objetivo!)
La propuesta fenomenológica muestra que toda experiencia tiene dos lados inseparables e interdependientes: Uno dirigido al sujeto, y otro dirigido al mundo.
El lado dirigido al sujeto (fenomenológico), involucra los elementos subjetivos de la experiencia, el ‘qué se siente’ la experiencia.
El lado dirigido hacia el mundo (intencional), involucra los elementos semánticos de la experiencia, el ‘de qué se trata’ la experiencia.

Thought_bubbleEste post desarrolla un concepto que ya vimos, el de la intencionalidad. Cuando hablamos de la intencionalidad de la conciencia, nos referimos a que siempre somos conscientes de algo.  Nuestros estados mentales hacen referencia a un contenido, nuestra conciencia está dirigida hacia un objeto, apunta más allá de sí misma, es acerca‐de algo.

La intencionalidad es una relación entre dos elementos:

  • Un objeto intencional: Un vaso, una melodía, un elfo, el viejo pascuero, los fenicios, elefantes rosados, el teorema de pitágoras, el concepto de proceso, un modelo UML …  (Notemos que lo que caracteriza a la intencionalidad es la direccionalidad, no la existencia del objeto ‘en la realidad’).
  • Un acto intencional. Presentar, juzgar, afirmar, negar, amar, odiar, desear, percibir, sentir, pensar, fantasear, dudar, esperar, recordar … De esta manera, el objeto intencional aparece como presentado, juzgado, afirmado, negado, amado …

¿Qué pasa con los estados conscientes que no son orientados a un objeto específico? Sentimientos (dolor, náusea), o emociones (ansiedad, aburrimiento, depresión, tristeza, nostalgia, curiosidad, nerviosismo, felicidad). Según el enfoque fenomenológico, lo característico de la intencionalidad es que sea ‘direccional’. En los casos nombrados, el estado consciente apunta ‘al mundo’ de manera más o menos omnipresente o amplia. En otras palabras, estos estados conscientes no son indiferentes al mundo o ‘encerrados’ en nosotros. Se articulan con el hecho que estamos en‐el‐mundo.

En la serie anterior, vimos que podríamos entender un estado consciente como compuesto por:

  1. Un lado experiencial (fenomenológico) que es subjetivo (en primera persona), irreducible, y cualitativo. El ‘qué se siente’.
  2. Un lado cognitivo que es objetivo (en tercera persona), reducible (a aspectos neurológicos, computacionales, funcionales). Son funciones mentales tales como procesar información (i.e. percibir), reaccionar a estímulos ambientales, y otras (introspeccionar, discriminar, categorizar, reportar).

En este esquema, la intencionalidad estaría en el segundo grupo, y podríamos intentar reducirla, por ejemplo, a una cadena causal desde elementos ‘externos’ hasta nuestro cerebro.

Según la fenomenología, esta partición es artificial. El enfoque fenomenológico aborda la intencionalidad como un concepto que es necesario tratar desde la primera persona, que no es reducible, y que está ligado con la relación mente‐mundo.

Para entender por qué la fenomenología niega esta separación entre lo experiencial y lo cognitivo, observemos que:

  • La intencionalidad es  una relación interdependiente, interna, entre el objeto intencional y el acto intencional, y pierde sentido al pensar en ambas cosas por separado.
  • Un mismo objeto intencional puede ser experimentado por medio de diversos actos intencionales. El vaso lo puedo: ver, imaginar, soñar, recordar.
  • Por medio del mismo acto intencional puedo experimentar diversos objetos intencionales. Puedo imaginar un vaso, imaginar el sistema solar, imaginar la ecuación de Einstein, e imaginar a Bilbo Bolsón.

La fenomenología (Husserl, en particular) señala que estar en un estado intencional se siente distinto que estar en otro estado intencional. Entonces, no se siente igual dudar del candidato presidencial que ver una foto del candidato presidencial. Hay una diferencia experiencial (o sea, fenomenológica). Lo que estamos diciendo es que no sólo los estados sensoriales tienen aspectos fenomenológicos (subjetivos, cualitativos, ‘el que se siente’), sino que los estados cognitivos también tienen aspectos fenomenológicos. No podemos experimentar al candidato presidencial ‘solo’ o ‘aislado’. Para acceder al objeto intencional, ineludiblemente lo hacemos mediante un acto intencional, que le confiere elementos subjetivos a la experiencia.

En resumen, la fenomenología propone que toda experiencia tiene como elementos inseparables e interdependientes, y por lo tanto, irreducibles:

  • Un lado dirigido al sujeto (fenomenológico), que involucra los elementos subjetivos de la experiencia, el ‘qué se siente’ de la experiencia.
  • Un lado dirigido hacia el mundo (intencional), que involucra los elementos semánticos de la experiencia, el ‘de qué se trata’ la experiencia.

En el siguiente post, hablaremos de la mente personificada (embodied mind).

Reflejo

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800px-MSH82_st_helens_spirit_lake_reflection_05-19-82Discutía en el post anterior sobre el aspecto pre‐reflectivo de la conciencia. Decíamos que cada experiencia conlleva un elemento que permite calificarla como ‘propia’ o ‘de uno’. ¿Qué pasa cuando el objeto de la experiencia (percepción, memoria, …) es uno mismo? Es una pregunta que motiva la caracterización del aspecto reflectivo de la conciencia.

Por ejemplo El otro día, el muchacho David me preguntó por los motivos que me habían llevado, muchos años atrás, a hacer tal o cual cosa. Me costó un poco responder, porque en realidad, no era algo que tuviese fresco en la memoria. Reflexioné, para poder ponerme en contexto, y luego intenté darle una respuesta, de acuerdo a quién era yo en ese entonces.

Literalmente, tuve que pensar “A ver, en ese entonces tenía X años de edad, estaba en la Universidad, no estaba pololeando, …” y traer, aparte de recuerdos, la experiencia de ser yo en ese preciso marco de tiempo solicitado por David.

Lo que realicé fue dirigir mi percepción hacia mí mismo, tomándome como objeto. Esto, involucra una autodivisión, o autodistanciación, y aparecen dos experiencias mías: la de estar reflexionando (en el presente), y aquella sobre la que estoy reflexionando particularmente (en el pasado, lo que me pedía David).

Respecto a la reflexión, es válido preguntarnos ¿implica pérdidas en la experiencia vivida? ¿incorpora elementos que no estaban presentes en la experiencia original? ¿qué grado de distorsión involucra la reflexión? Es como en la foto de arriba. En ella hay dos montañas: La original, y el reflejo. Y no son idénticas (la misma), ni tampoco iguales (una copia).

Además, la fenomenología se centra en el estudio de la experiencia. Para poder realizar este estudio, es imperativo un uso ‘metódico’ (uh?) de la reflexión. Si deseo obtener información válida de la reflexión, es clave conocer hasta que punto es ésta confiable.

Nos propone la fenomenología que la reflexión revela una estructura morfológica de la experiencia, que es posible de ser conceptualmente articulada. En este proceso, una experiencia ‘cruda’ es transformada (cocinada podríamos decir :)), dándole un sentido. Esta articulación se realiza usando los métodos que ya nombramos. Aun así, la experiencia tiene un significado autocontenido, propio, que estos métodos simplemente liberan, explican, o articulan, sin imponer nuevos significados.

En el siguiente post veremos cómo la fenomenología aborda el tiempo.